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PERSONAJES · The Witcher 3: Wild Hunt Remastered
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Otrygg an Hindar, nieto y heredero del jarl Donar, era el más joven de los aspirantes al trono de Skellige. Soñaba con que algún día guiaría a sus súbditos en toda clase de hazañas y atrevidos saqueos.

Cirilla Fiona Elen Riannon, ¿qué puedo decir de ella? ¿Que el apócope de su nombre es Ciri, que nació en el 1251, que tiene el cabello ceniciento y una cicatriz en la mejilla? Todo es cierto, y propio de la Cirilla a quien mejor conozco, la que vi por primera vez hace tantos años, la que parecía... no corriente, pero sin duda no tan extraordinaria como es en realidad. Porque Cirilla también es una bruja muy capacitada, heredera de varios tronos, la última portadora de la Vieja sangre, una fuente poderosa y dotada de excepcionales talentos mágicos y la Dama del espacio y el tiempo. ¿Esto no hace que detalles como el color de su cabello o la fecha de su nacimiento resulten secundarios? También podría decirles que es la hija adoptiva de Geralt, pero sería una simplificación flagrante. Ciri es mucho más. Es el destino de Geralt, su hija inesperada, alguien atada inseparablemente al brujo por los enmarañados grilletes del sino. Cumpliendo con una tradición ancestral de los brujos, Geralt llevó a Ciri a Kaer Morhen cuando quedó a su cuidado. Allí, Vesemir y él le enseñaron las artes de los cazadores de monstruos profesionales. Fue entonces cuando se revelaron sus talentos mágicos y descubrieron que era una fuente. El don de Ciri también resultó ser una maldición, ya que la obligaría algún día a esconderse de todo el mundo... incluso de Geralt.

Geralt y yo sabíamos de sobra que Chappelle, el ministro de seguridad que representaba a la Iglesia del Fuego eterno en Novigrado, había muerto años atrás y que había sido reemplazado por un doppler que utilizaba su nombre. No se lo contamos a nadie porque estaba claro que el cambio había sido a mejor para todos. El doppler era un hombre razonable, carente de la crueldad de Chappelle, y bajo su vigilancia la vida en la ciudad había mejorado considerablemente. Por desgracia, el estilo conciliador del ministro despertó sospechas que provocaron la ola de terror y persecuciones que asoló Novigrado. Descubrieron al doppler, lo arrestaron y lo quemaron en la hoguera para mayor gloria del Fuego eterno.

Las noticias de que el ejército nilfgaardiano se acercaba provocaron que nobles de todo tipo empacaran a toda prisa sus posesiones para marcharse a un lugar más seguro, lo que los obligó a abandonar toda idea de defender su patrimonio y a dejar sus tierras a merced de los invasores. Lord Vserad no fue ninguna excepción a esta regla. El magnate había gobernado gran parte de Velen desde su sede en Percha del Cuervo antes de huir con su familia para refugiarse en una torre de la Isla del Palangre. Por desgracia, no encontró la seguridad que buscaba: la masacre en la que perdió la vida se convirtió en fuente de numerosos rumores y leyendas espantosas.

En su época, la baronesa Marie Louisa La Valette estaba en boca de todos los habitantes de Temeria. Esa mujer de la nobleza había sido la amante del rey Foltest, al que incluso le dio dos hijos ilegítimos. Esto provocó un gran escándalo, y que varias familias famosas se alzaran en una revuelta armada. Dicha revuelta fue aplacada de forma sangrienta por el ejército del rey, que tomó el castillo de La Valette durante un asedio de lo más virulento.

El encuentro de Geralt con ese loco que construía una enorme nave mientras conversaba con las cabezas cortadas de su antigua tripulación fue una experiencia que solo podía calificarse de inusual.

Cuando los niños del claro de la ciénaga le hablaron a Geralt sobre Johnny, el brujo dio por hecho que aquella persona no existía. Era difícil creer que alguien pudiera vivir en un entorno tan inhóspito sin convertirse rápidamente en comida para los ahogados o las brujas del agua. Por eso, Geralt sospechaba que Johnny era producto de la imaginación de los niños, un amigo imaginario para huérfanos solitarios. Pero tantos años de experiencia le impidieron ignorar cualquier pista, así que decidió buscar a ese tal Johnny en las ciénagas cercanas.

El dicho "de tal padre, tal astilla" define a la perfección a Crach y su primogénito. Hjalmar recordaba a su padre en gestos y carácter, y muchos predecían que con el tiempo superaría a su progenitor en honor y fama. De anchos hombros y con un gran talento como espadachín, lo tenía todo para convertirse en un guerrero soberbio. Además, con su carisma y su tendencia a un arrojo cercano a la locura podría saciar las ansias de riquezas y gloria de todos los jóvenes de los clanes de Skellige.

El jarl de Faroe, de semblante adusto, debía su apodo al color oscuro de su mano y antebrazo, resultado de la congelación que sufrió cuando su barcoluengo chocó contra una roca sumergida durante una delirante ventisca otoñal. Incluso para los estándares de Skellige, donde el saqueo y el robo eran casi ritos de iniciación, Holger era considerado un pirata y un saqueador brutal. Seguramente esta opinión tenía que ver con que atacaba aldeas y barcos de clanes enemigos de Skellige con el mismo brío que los asentamientos costeros de Cidaris, Novigrado y Nilfgaard.

Graham era un humilde pescador de una aldea aún más humilde, Oreton, pero que desempeñó un papel destacado en los acontecimientos de los alrededores: la Isla del Palangre, su torre y la maldición. Anabelle le había contado a Geralt que sentía algo muy fuerte por el pescador, pero el resto de su trágica historia solo se conoció más tarde...

Cuando Geralt encontró un enano deforme en la corte del Barón sanguinario, no le dio mucha importancia, pero cuando se enteró de que un ser similar había llegado a las costas de las Skellige en el mismo barco en que Ciri y su misterioso compañero se habían marchado poco antes, enseguida los relacionó. Quedaba claro que ese tosco pedazo de carne era la clave para encontrar a Ciri.

El ermitaño que vivía en la isla del Lac Célavy se había convertido en el guardián de las cinco virtudes caballerescas del ducado. Este íntegro hombre vigilaba las rocas en la que se habían grabado las cinco virtudes y hacía que todos los caballeros que llegaban al lugar, pasaran una prueba para demostrar que encarnaban estas virtudes. Cuando el brujo llegó a la isla y encontró al ermitaño, tuvo la sensación de que no era la primera vez que se veían. Solo después pudo averiguar que estaba en lo cierto.

Geralt no pensaba encontrarse de aquella manera con Bernard Ducat, antiguo director de la inteligencia temeria. Su relación se remontaba a mucho tiempo atrás, cuando Ducat dirigía una operación de espionaje en el distrito del templo de Wyzima, haciéndose pasar por un contrabandista llamado Thaler. Era famoso por su temperamento arisco y las blasfemias que le salían de la boca. Mucho había cambiado desde entonces, pero el zapatero Zuecos —la nueva identidad adoptada por Ducat— era tan rudo y vulgar como había sido Thaler. Su papel concreto en el ataque contra Radovid no estaba del todo claro, pero teniendo en cuenta su experiencia y su profesionalidad, es de esperar que no quisiera compartir dicha información con nadie, ni siquiera con sus amigos más próximos.

Teniendo en cuenta el funcionamiento de los cuerpos de espías, no hay duda de que "Hendrik" no era el verdadero nombre de este hombre. Sin embargo, el brujo no conoció otro apelativo para el principal contacto en Velen de Su Alteza Imperial. Después de investigar un rato, Geralt descubrió que había un "Hendrik" que vivía en la aldea de Villabrezo.

El demonio Fugas desempeñaba un papel prestigioso y de mucha responsabilidad durante el aquelarre de las Moiras: era el matón que controlaba el acceso a la cima. En nada se parecía a Torque, irritante pero inofensivo demonio al que Geralt y yo conocimos muchos años atrás. El tamaño de Fugas recordaba al de un trol hiperdesarrollado, y por eso mostraba una falta de sutileza propia de esta especie. No había ni una pizca de maldad en este "demonio", y tampoco jugaba con las palabras de manera astuta: solo se dedicaba a desempeñar su labor con el compromiso y la profesionalidad de un portero de Novigrado. Pero impedirle el paso a Geralt fue la idea más absurda de Fugas y también la última, la que puso fin a su vida y a su próspera carrera como empleado de las Moiras.

Muchos druidas de Skellige se alejan del consabido estereotipo continental de un anciano de barba canosa con una túnica blanca que se inclina ante un roble sagrado, domestica wyvernos e insiste a los señores de la zona sobre la necesidad de incluir más especies en la lista de animales protegidos. Armiño, viejo amigo de Geralt, no era ninguna excepción en este sentido. Este hombre larguirucho y de barba poblada era el líder del Círculo de druidas de Skellige. También era el consejero del jarl Crach an Craite en asuntos mágicos y místicos, y en cualquier otro problema que no se pudiera solucionar a puñetazos o con un buen golpe de hacha. Armiño era famoso por su terquedad y su tendencia, poco habitual en los de Skellige, a sopesar todas las consecuencias posibles de una acción determinada. Por todo eso, conversar con él exigía una cantidad considerable de tiempo y paciencia.

El ser atrapado en el cascarón torturado de Uma resultó ser Avallac'h, un poderoso sabio Aen Elle. Geralt había tenido el placer de conocerlo años antes. Durante estos encuentros previos, Avallac'h había exhibido un interés vivo y bastante intranquilizador por la Vieja sangre y Ciri, su portadora. Sus motivos no estaban claros, y no se molestó en explicárselos a Geralt. Del mismo modo, Geralt no sabía qué relación había ahora entre Ciri y el elfo. Sin duda Avallac'h la había ayudado y la había salvado muchas veces de la Cacería salvaje pero, ¿por qué? Por desgracia, el sabio, cuya vida pendía de un hilo, no resolvió ninguna de las preguntas candentes de Geralt. Sin embargo, sí reunió fuerzas para transmitir un dato crucial: la ubicación de Ciri.

Una oleada de asesinatos de motivo religioso o racial arrasó Novigrado en la primavera de 1272, época en la que Hubert Rejk trabajaba como forense del depósito de cadáveres de la ciudad. Tantos crímenes suponían mucho trabajo y, para colmo, tenía que soportar el acoso de su antipático superior, el reverendo Nathaniel. Por lo tanto, no es de extrañar que a Geralt le pareciera desagradable y sarcástico cuando lo conoció. Además, estaba claro que había mala vibra entre él y Joachim von Gratz, hecho que no ayudó a mejorar la ya de por sí tensa atmósfera del depósito. Sin embargo, tras conocer el motivo de la visita inesperada de Geralt, Hubert les dejó claro al brujo y a Joachim que podían contar con su ayuda.

Hasta para los de Skellige, que valoran el valor por encima de todo, la temeridad de Vigi superaba los límites de la valentía para adentrarse en los terrenos de locura suicida. Este guerrero del clan Tordarroch se esforzaba por que lo conocieran como Vigi el Intrépido, pero sus acciones le hicieron ganarse el apodo de Vigi el Lunático, que le venía como anillo al dedo. Deseoso de gloria y con la intención de salvar a su isla natal del gigante de hielo, Vigi convenció a Hjalmar para emprender el viaje hasta Undvik. Muchos miembros de la tripulación murieron en esa expedición, pero Vigi terminó en la caverna del gigante de hielo.

Sylvia Anna… Un nombre encantador, ¿no creen? No sorprende su belleza, pues es el nombre de una hija de duque y hermana de duquesa. Mas lo que el destino le deparó a Syanna (así la llamaban sus íntimos) no fue tan hermoso como cabría esperar para una muchacha de alta cuna que, a decir verdad, nació en un momento algo inoportuno. Vino a este mundo durante un eclipse y cayó víctima del pánico que rodeaba a la maldición del Sol Negro, que, según se decía, afectaba a las hijas jóvenes de las clases gobernantes nacidas en similares circunstancias. Pese a que Geralt albergaba serias dudas de que dicha maldición existiera, muchos eran los que afirmaban que causaba horribles mutaciones que infundían crueldad y ansias de matar a sus víctimas. Los padres de Syanna parecían contarse entre los que creían en esta maldición, pues consideraron a su hija demasiado peligrosa para permanecer en la corte y la condenaron al exilio. Syanna huyó a Nazair y pronto, a todos los efectos, desapareció de la faz de la tierra.

Ves era una oficial veterana de los Franjas azules, quizás el único soldado de la primera división de Roche que había sobrevivido a la guerra. Luego de la destrucción y desaparición de los Franjas azules, Ves continuó junto a su comandante la —aparentemente desesperada— lucha por la libertad temeria. Ves, mujer fuerte y llena de energía, siempre dejaba a todos impresionados con su dominio del arco y la espada, muy por encima del resto de los hombres de su división.

Carduin de Kovir fue un adinerado e influyente miembro del consejo de hechiceros, un hombre conocido y respetado por todos los gobernantes del Norte. Tras la disolución del consejo durante el golpe de estado de la isla de Thanedd, Carduin no escatimó en gastos para reconstruir la posición que tanto le había costado conseguir a su hermandad. Esto lo llevó a participar en la memorable cumbre de Loc Muinne, en la que un grupo de magos que intentaba reactivar el consejo se vio obligado a aceptar el apoyo del rey Radovid. Eso hizo que Carduin quedara completamente a merced de los caprichos y cambios de humor de un rey enloquecido, al que servía más por miedo que por respeto. No obstante, el orgullo del mago lo obligó a jugar con valentía las cartas que el destino le había repartido.

Durante la velada organizada por La Mandrágora, Geralt conoció a Orianna, una apreciada mecenas de muchos artistas locales. Había algo en aquella mujer que hacía que casi todos los que la conocían se sintieran incómodos ante su presencia. La mujer no pudo hacer perder la compostura, dura como el acero, del brujo, por supuesto, pero sí le dio la impresión de que no se trataba de una aristócrata común y corriente, y las impresiones de Geralt no solían ir desencaminadas.

Geralt conoció al fantasma de esta joven en la habitación más alta de la torre encantada de la Isla del Palangre. Le relató que en vida había sido la hija del señor de la zona. Cuando unos campesinos indignados irrumpieron en la torre, Anabelle temió que su honor corriera peligro si la encontraban viva, por lo que bebió una poción mágica para entrar en trance y parecer muerta. Se despertó entre los cuerpos de familiares y criados, incapaz de moverse, contemplando horrorizada cómo las ratas se alimentaban de los cadáveres y comenzaban a mordisquearla. Posiblemente, esa horrible muerte fue la causa de la maldición que cayó sobre la torre y ella misma, y que provocó que su atormentado fantasma vagara sin descanso desde entonces. Geralt recurrió a su vasta experiencia en aquel tipo de maldiciones, en busca de una posible solución. Al descubrir que Anabelle había amado a un humilde pescador de nombre Graham, decidió que su salvación podría estar en aquel hombre y el vínculo del amor verdadero entre los dos jóvenes.

El asesino de Milton era muy veloz. Incluso con todos los años de experiencia de brujo a la espalda, Geralt apenas podía mantener su ritmo. Pronto quedó claro que el asesino era tan inteligente como rápido, cuando entró en un viejo almacén donde le tendió una trampa a Geralt. De este modo, el brujo tuvo su primer encuentro cara a cara con la Bestia de Beauclair y descubrió que se trataba de un vampiro superior llamado Dettlaff. Acto seguido, se entabló una lucha que, seguramente, habría terminado mal para el brujo si Regis, un viejo amigo que puso fin a la contienda, no lo hubiera salvado en el momento justo. Después de esto, Dettlaff se transformó en un banco de niebla y desapareció…

Para un brujo, un caballo es más que un medio de transporte. Y si no, pregúntenle a cualquier bandido que se haya llevado una buena coz en la cabeza durante un combate. Además, muchos brujos les han contado a sus caballos los intríngulis de sus contratos mientras contemplaban las estrellas sobre el cielo de un camino solitario, aunque pocos lo admitirían. Geralt llamaba Sardinilla a todas sus monturas, aunque nadie sabía a ciencia cierta el porqué de este nombre. Cuando se le preguntaba por ello, Geralt eludía la cuestión o daba una respuesta evasiva. ¿Acaso habrá sido la primera palabra que le vino a la mente? Sardinilla, por su parte, parecía aceptar el nombre sin problemas. Geralt se crispaba y maldecía cada vez que Sardinilla entraba en pánico y lo hacía caer en mitad de una batalla, así como cuando giraba de repente en una dirección distinta a la que él pretendía mientras galopaban hacia un destino con urgencia. A decir verdad, no obstante, se sentía muy unido a ella y no la cambiaría por ningún otro caballo. Ni siquiera por uno que, al llamarlo no se quedara indefenso y desamparado delante de un obstáculo en apariencia fácil de salvar, como una minúscula valla o un trozo de madera aislado. Ni tan siquiera por uno que a veces no terminara, de un modo incomprensible, bailando sobre el tejado de algún campesino. Como diría Geralt encogiéndose de hombros: "En fin, el caballo de un brujo no es un animal común y corriente. Estar en contacto permanente con pociones mágicas y Señales debe haberle dejado su huella".

Las sagas de Skellige están repletas de elogios a jefes y guerreros de épocas anteriores. Pero la saga de Crach, jarl de los an Craite y señor de Kaer Trolde, eclipsará a todas. Se loará su fuerza, su valor, su sabiduría, su generosidad, la lealtad que tuvo para con sus amigos y la forma en que persiguió incansablemente a sus enemigos. Su relato apenas contendrá exageraciones, porque Crach, el más poderoso de los jarls de Skellige, poseía realmente todos los rasgos propios de un héroe. Provocaba el terror en sus enemigos: de hecho, las madres nilfgaardianas usaban su nombre para asustar a los niños, y el imperio al completo hablaba en susurros del infame Tirth ys Muire, el Jabalí de los mares, que devastaba provincias costeras durante sus frecuentes y terribles ataques. Geralt conocía a Crach desde hacía mucho tiempo, cuando de joven el jarl pidió la mano de la joven Pavetta, madre de Ciri.

El joven limpiabotas, cuyo nombre Geralt nunca supo, era un granuja de lo más simpático, uno de esos patanes, caraduras y pillos adorables que se ganan la vida en la calle. Demostró poseer un don excepcional para los negocios, tanto es así que, de hecho, a veces le causaba algún problema. Geralt lo salvó de uno de esos apuros ahuyentando a un grupo de hombres que trataban de darle una buena tunda. El limpiabotas se la había ganado bien a pulso, pues había estado derramando todos los días sus aguas residuales enfrente de la tienda de estos hombres, con la intención de ensuciar más botas y atraer a más clientes a su puesto.

Barnabas Basil Foulty, el mayordomo de Corvo Bianco, era un caballero entre caballeros sin discusión alguna. Había servido durante toda su vida a distinguidos aristócratas: la familia Kniebihly, por ejemplo, o el almirante Rompally, por citar otro, y nunca habría tolerado a un señor que desmereciera su dignidad personal. Como Barnabas Basil recordaba los tiempos de monsieur Bolius y el barón Rossell, era una fuente inagotable de anécdotas sobre el pasado del viñedo. Conocía cada rincón y cada secreto de Corvo Bianco. Demostró ser un excelente administrador, que ofrecía muchos buenos consejos acerca de la modernización y la gestión de la finca. Geralt no podía contar con mejor ayuda. Incluso podría decirse que, al dejar Corvo Bianco en manos de un mayordomo tan maravilloso, Anna Henrietta le dio al brujo el regalo más hermoso de cuantos había recibido, pues un hogar sin alguien capaz de cuidar de él no es un hogar en absoluto.

Para asaltar una cámara acorazada, uno debe forzar las puertas blindadas y conseguir escapar con el cuantioso botín. Pero antes que nada, sin embargo, hay que acceder al edificio. Geralt podía servirse para este fin de una tal Eveline Gallo, una artista de circo famosa en el norte por utilizar sus numerosas habilidades para propósitos no muy respetuosos con la ley...

Geralt se estaba devanando los sesos intentando encontrar la manera de derrotar al Señor Espejo cuando Shani acudió al rescate. Conocía a un profesor de la Academia de Oxenfurt que había dedicado muchos años a estudiar todas las manifestaciones de la magia negra y que seguramente estaría dispuesto a dar una mano. Por desgracia, los cazadores de brujas opinaban que los conocimientos del profesor eran de más utilidad si los usaban únicamente para sus propios fines y habían apostado guardias en la puerta de su casa. Oficialmente era un hombre libre, pero en realidad nadie entraba o salía de la casa sin el permiso de los guardias.

Geralt estaba tan intrigado como lo estaba yo, y como imagino que estarán ustedes, al averiguar que la sociedad de los vampiros superiores está organizada en una estricta jerarquía basada en la edad: cuanto más anciano era un vampiro, mayor importancia tenía su opinión en sus asuntos y más severo era el castigo por actuar en contra de su voluntad. Uno de los vampiros más ancianos vivía en Beauclair, en la cueva en la que habían aparecido durante la Conjunción de las Esferas. Geralt y Regis decidieron que tenía que visitarlo para que los ayudara a encontrar a Dettlaff. El único problema radicaba en que los miembros más ancianos de la raza vampírica no eran... cómo decirlo... muy duchos para recibir visitas. Este anciano en particular detestaba tanto la compañía de otros que Regis tembló solo de pensar en perturbar su tranquilidad. Geralt tenía que tomar una difícil decisión: ¿se arriesgaría a visitar los dominios del Anciano o intentaría encontrar a Syanna?

Tras una extraña sucesión de acontecimientos, Geralt terminó participando en el atraco a la casa de subastas de los Borsodi en Oxenfurt. Lo que sucedió para llegar a este punto es una historia fascinante, pero la dejaremos para otro momento. Ahora nos centraremos en otros detalles: al brujo se le encargó la tarea de reunir a un grupo de expertos ladrones y saltimbanquis. Uno de los candidatos era Casimir Bassi, un especialista en demoliciones curtido en las minas de Mahakam...

Los enanos ya estaban en el negocio de la banca cuando el legendario rey Desmond de Temeria no era más que un mocoso en pantalones cortos que pedía más mermelada en su pan. Desde entonces, las prominentes familias de banqueros enanos —los Giancardi, Vivaldi y Cianfanelli— habían seguido expandiendo sus servicios y abriendo sucursales en todas las ciudades grandes del Norte. Vimme Vivaldi abanderó aquella venerable tradición hasta los tiempos modernos: hizo crecer la sucursal de Novigrado del banco de su familia y la convirtió en la más grande de la ciudad. Geralt y yo lo conocimos más de una década antes de que empezara nuestra historia, y siempre habíamos apreciado su honradez y su perspicacia para los negocios. De lo último dio numerosas muestras durante el periodo que cubre nuestra historia, ya que su banco se mantuvo rentable incluso en un momento en el que los no humanos no podían estar más oprimidos.

Philippa Eilhart, antigua consejera del rey Vizimir II el Justo, integrante del consejo de hechiceros y posteriormente fundadora de la Logia de hechiceras, desempeñó un papel fundamental en la historia del mundo y en la vida de Geralt. Era innegable su talento, pero también era toda una confabuladora de ambición desmedida. Informes de confianza confirmaban su participación en la muerte del rey Vizimir II y, como integrante de la Logia, también intervino en el asesinato de otros dos monarcas: Demavend de Aedirn y Foltest de Temeria. Por todo eso, la que otrora fuera "joya de la corte de Tretogor" ahora era buscada por parte de las fuerzas especiales del Norte y de Nilfgaard.

Como es habitual en encantadores, adivinos, sanadores y otros sabios campestres, el conjurador de Ramanegra era un hombre misterioso, sobre el que circulaban numerosos rumores y leyendas. Algunos decían que podía comunicarse con los muertos. Otros decían que su relación con los difuntos era bien distinta, ya que había clavado un hacha en la cabeza de su padre durante un arrebato juvenil. Había quienes afirmaban que mostraba un afecto desmedido por los animales de corral. Todos estos rumores provocaban miedo y respeto en los campesinos de Velen, y el conjurador hacía poco por desmentirlos.

El reverendo Nathaniel, supervisor del depósito de cadáveres de la ciudad y clérigo del Fuego eterno, era un hombre de una gran vileza y un tormentoso pasado. Antes de vestir los hábitos había trabajado durante años como torturador en la ciudad. Cuesta trabajo encontrar un peor candidato para ser clérigo que un antiguo verdugo. Pero como suele decirse, todo es posible en Novigrado.

Eskel y Geralt eran como hermanos en muchos aspectos. Tenían la misma edad y se conocían desde muy jóvenes, cuando se entrenaban con espadas de madera en Kaer Morhen. Pasaron por muchas cosas juntos: la primera ronda de selecciones, los letales Cambios, la Prueba de las hierbas, el Desafío (la abrumadora carrera de obstáculos de los brujos), etc. También recibieron palizas por más de un acto de vandalismo juvenil. Cuando se hicieron adultos, recorrieron la Senda por separado pero se reunían en Kaer Morhen casi todos los inviernos a esperar la llegada del frío, a brindar por sus éxitos y a recordar a los compañeros caídos. Aunque Eskel no se había ganado el renombre de Geralt, tenía tanta experiencia como el Lobo blanco y cumplía con sus contratos con cuidado y eficacia. Sus cacerías lo habían llevado al borde de la muerte en muchas ocasiones, pero, curiosamente, la horrible cicatriz de su rostro no la habían causado las garras de un monstruo, sino la espada de Deidre Ademeyn, su imprevisible "hija inesperada".

Este elfo Aen Elle era uno de los consejeros de Eredin y además, debido a sus extraordinarias habilidades, un oficial destacado de la Cacería salvaje. Por medio de la magia arcana, Caranthir guiaba a la Cacería salvaje por parajes místicos a través del tiempo y el espacio para llegar a otros mundos. También usaba métodos más inmediatos, como el teletransporte que empleó con frecuencia durante el ataque a Kaer Morhen.

Auberon Muircetach, también conocido como "Rey de los Alder", fue un gobernante de la lejana tierra de Tir ná Lia, el mundo natal de Avallac'h y de la Cacería salvaje. Murió tras ser envenenado por Eredin Bréacc Glas, que se autoproclamó rey. En el momento de morir, Auberon ya estaba cansado y amargado por los más de seiscientos cincuenta años que llevaba de vida.

Geralt persiguió sin cesar al asesino de sir Milton. El modo en que terminó esta persecución dejaba bien claro que Geralt se enfrentaba a un enemigo muy peligroso: el asesino condujo a Geralt hasta un viejo almacén, donde le tendió una trampa. Se entabló una lucha y, en el momento crucial, Regis, un vampiro superior y viejo amigo le salvó la vida a Geralt. Aquí debo hacer un inciso y explicar que, hace unos años, Regis se había unido al grupo de viajeros que acompañaba a Geralt (del cual me siento orgulloso de haber pertenecido) y partió con nosotros en busca de Ciri. Juntos, vivimos numerosas aventuras fascinantes, y Regis demostró ser un amigo leal, uno a quien puedes confiarle la vida. Por desgracia, la expedición terminó de forma trágica para Regis, dado que Vilgefortz lo mató y lo redujo a una nimia mancha húmeda. De ahí la inmensa sorpresa del brujo cuando se encontró con su viejo amigo. Al fin y al cabo, lo había visto morir con sus propios ojos. Pero la cuestión es que no fue la muerte "definitiva" de Regis, ni siquiera la primera. Cuando era joven, Regis había sido una especie de espíritu libre y abusaba del consumo de sangre. Este estilo de vida lo llevó a caer asesinado por un grupo de aldeanos furiosos. Después de aquella situación, tardó cincuenta años en regenerarse, lo que equivale a un abrir y cerrar de ojos para un ser inmortal. Cuando finalmente logró recuperarse, se desprendió del hábito de beber sangre por completo. Durante años, todos pensamos que se había ido para siempre. Pero ahí estaba, enfrente de Geralt en ese almacén cercano a los muelles. Regis explicó que se había regenerado y que vino a Toussaint en buscar de Dettlaff, un amigo suyo. Tales fueron las dramáticas circunstancias que reunieron a Regis y Geralt de nuevo en Beauclair. Sin embargo, no tuvieron mucho tiempo para disfrutar de la reunión. Pudieron escuchar los pasos de gente que se aproximaba y Regis, que no quería arriesgarse a tener un encuentro con humanos, invitó a Geralt a que se reuniera con él en el cementerio, donde había establecido un cómodo alojamiento temporal.

Ge'els era inteligente y sereno, y estaba dotado de un impresionante carisma. Gozaba del respeto y la confianza de los habitantes del mundo de los Aen Elle, así como de su anterior monarca, Auberon Murcetach. Por este motivo, Ge'els no solo conservó su elevada posición después de que Eredin se hiciera con el poder, sino que también se convirtió en uno de los aliados más poderosos del nuevo rey, y actuó como virrey mientras Eredin viajaba al frente de la Cacería salvaje. Aunque Ge'els era uno de los Aen Elle más influyentes, el poder nunca había sido uno de sus objetivos. Para Avallac'h, su lealtad y su capacidad para diferenciar el bien del mal suponían una debilidad de la que se podía sacar partido, posiblemente para inclinar las balanzas de la batalla final.

Geralt ha llevado a cabo una gran variedad de tareas disparatadas a lo largo de su vida, muchas de ellas bastante alejadas de la función tradicional de cazador de monstruos. Sin embargo, reclutar a una banda para acceder a la cámara acorazada de la casa de subastas de los Borsodi destaca como atípica incluso dentro de tanta diversidad. Uno de los turbios personajes que podía ser un buen candidato era Quinto, el ladrón de cajas fuertes más famoso al norte del Yaruga.

Puede resultar complicado ganarse el aprecio de caballeros y guerreros no habituados a que el poder recaiga en manos de una mujer. Y la situación es aún peor en casos como el de Birna, la viuda del rey Bran de Skellige: una mujer ansiosa de poder que despreciaba a sus súbditos y sus costumbres. Sin embargo, cuando dichas costumbres demandaban que la mujer se lanzara a la pira funeraria de su marido, el desprecio hacia la tradición podía llegar a ser comprensible. Justificado o no, el deseo de Birna de reescribir antiguas tradiciones de Skellige la enfrentó con los jarls, y es poco probable que se la recuerde como a una reina tan triunfadora y adorada como Calanthe de Cintra o Meve de Lyria.

Lambert era el brujo más joven de Kaer Morhen, y quizás el último que se entrenaría entre aquellas paredes, pero ya había demostrado sus habilidades en numerosas ocasiones, enfrentándose a impresionantes monstruos desde Poviss a Toussaint. También se había labrado una reputación de arrogante e irónico, y sus modales quizás excesivamente bruscos y ariscos irritaban hasta a sus compañeros brujos de la escuela del Lobo. Sin embargo, por muchos que fueran sus defectos, no hace falta decir que Lambert haría lo que fuera por sus amigos.

De las tres hermanas demoniacas Moiras, Guisadora era la mediana en edad, pero la mayor en tamaño. Se dice que Guisadora era una experta en preparar brebajes mágicos. Otras leyendas más repulsivas afirman que conocía doce recetas distintas de sopa humana.

En tiempos de guerra, es fácil encontrarse con gente que ha sufrido a causa de un destino cruel. Por eso a Geralt no le sorprendió encontrarse con una mujer a quienes los niños conocían como "la abuelita" en las ciénagas de Velen, a pesar de que la mujer parecía haber pasado por innumerables penurias. A pesar de todo, estaba claro que cuidaba con cariño y devoción de aquellos huérfanos de guerra.

Geralt ha escapado de muchos apuros, algunas veces por su propio pie y otras con la ayuda de terceros. Uno de los personajes más extraños en darle una mano ha sido el Señor Espejo. El brujo estaba en un barco ofir, preso y destinado a una cita con el patíbulo, cuando el Señor Espejo apareció de repente. Le recordó al brujo la primera vez que se conocieron, cuando lo ayudó a encontrar a Yennefer en Huerto Blanco. Ahora también le ofrecía su ayuda, pero... esta vez no era gratis. A cambio de liberar a Geralt del barco, le pidió que se reuniera con él en cierta encrucijada. Cuando el brujo aceptó, apareció una extraña marca en su rostro. Parecía que el Señor Espejo le había puesto un sello que indicaba que habían llegado a un pacto, lo cual, como se pudo comprobar más tarde, era exactamente lo que sucedió.

Durante el primer encuentro entre Geralt y el "Barón" Phillip Strenger, lo desconcertaron sus muchas contradicciones. Le quedó claro que el exsoldado temerio era un oportunista que, tras la contundente derrota de su ejército, se conchabó, pactó y negoció con el ocupante, el Imperio Nilfgaardiano. Los campesinos de la zona lo apodaron "Barón sanguinario", señal clara de que no era propenso a tratar a sus vasallos con delicadeza. Sin embargo, fue un anfitrión sorprendentemente generoso para un huésped inesperado que, además de ser forastero, se dedicaba a cazar monstruos a sueldo.

Cuando Geralt volvió a visitar a Olgierd para escuchar su tercer y último deseo, se enteró de que el rudo y pendenciero atamán había estado casado. Sin embargo, en un momento dado abandonó a su esposa y la obsequió con una rosa violeta como regalo de despedida. La tarea de Geralt consistía en encontrar esa rosa en algún lugar de la mansión abandonada de los Von Everec. Cuando llegó allí, descubrió que la finca estaba encantada por una aparición maligna ligada a Iris, la mujer de Olgierd, que había muerto de soledad tiempo atrás. Su rabia y sus remordimientos ahora inundaban su antigua casa de energía maléfica.

La amplia experiencia interpretativa de Irina Renard la convirtió no solo en la líder informal de su grupo de actores, conocido como los Zorros, sino también en su estrella más rutilante. Esta talentosa artista era famosa por sus brillantes actuaciones como actriz principal en comedias y tragedias. Su aparición en obras tan aclamadas como "Amor en tiempos de desprecio", "El barbero de Kovir" y "Siete novias para siete emperadores" la convirtieron en un nombre popular para todo aquel con un mínimo de interés en la cultura y el arte.

Geralt se encontró por primera vez con la Dama del Lago cuando su búsqueda de los objetos que habían robado de Kaer Morhen lo llevó hasta una aldea conocida como Aguas Turbias. Allí, una misteriosa mujer habitaba en las turbias profundidades de la aldea homónima y cuidaba de los habitantes que residían en sus orillas. Tal era el aprecio que sentían por su guardiana submarina, que erigieron un monumento en su honor. En su tiempo, la Dama del Lago había dispuesto de muchos caballeros a su servicio, pero todos habían muerto, como suelen hacer los caballeros valientes, en campañas en tierras lejanas. Ahora vivía casi en completa soledad, por lo que se mostró encantada de aceptar la compañía de Geralt, pues el brujo era alguien a quien admiraba y respetaba. En su día, el brujo había creído que la Dama del Lago era una especie de divinidad local, pero luego de su encuentro en el Lac Célavy, el brujo se dio cuenta de que la Dama del Lago no solo habitaba en Aguas Turbias, sino que llamaba hogar a cualquier lugar en el que se honraran la virtud y la caballería.

El jarl Udalryk era, como mínimo, una figura enigmática. Padecía una misteriosa enfermedad y eso hacía que los demás lo evitaran.

Apuesto, querido lector, que eres cosmopolita y que resulta innecesario que te presente a mi humilde persona y el papel que iba a desempeñar en el siguiente relato. Aun así, lo haré para que no falten detalles y por si procedes de algún confín del mundo donde aún no he alcanzado cierta notoriedad. Nacido en el 1229, poeta y trovador de talento, graduado de la Academia de Oxenfurt, artista habitual en las cortes reales, apreciado amante sin par, y en ocasiones adorado por las damas de todo el mundo, hábil en las negociaciones y conmovedor en los discursos, esta es la imagen de Jaskier que suele aparecer en los relatos de quienes lo conocen. Esta imagen es, por supuesto, excesivamente colorista, y yo prefiero considerarme un humilde artista y servidor de la musa, alguien que debe su amplia obra al hecho de que siempre he sido, soy y seré íntimo amigo e incondicional compañero del brujo Geralt, a cuyo destino, como fiel cronista, dedico el presente escrito.

Como poeta y romántico, he inmortalizado en versos floridos los encantos de numerosas almas y cuerpos de mujer. Pero cuando abro la boca para cantar las alabanzas de Priscilla, siento que, aunque me cueste entenderlo, las palabras se me agolpan en la garganta, que todos mis elaboradas figuras retóricas se me antojan artificiales y huecas en comparación con la belleza natural de esta mujer, su talento, su sensibilidad y su inteligencia. En el momento aproximado en que comienza nuestro relato, Priscilla —o Callonetta, nombre artístico con el que se labró su fama— finalizaba una gira triunfal de actuaciones que la habían llevado de las suntuosas cortes de Lan Exeter y Pont Vanis a Tretogor y Caelf, hasta finalmente recalar en la gloriosa ciudad de Novigrado.

Geralt viajó hasta la finca abandonada de la familia Von Everec encomendado con la tarea de encontrar la rosa violeta que Olgierd regaló a su mujer, pero la propiedad se había convertido en hogar de una multitud de extrañas y horripilantes criaturas. Entre ellas se encontraban un gato y un perro negros que, aunque eran capaces de hablar, no decían mucho sobre sí mismos. Geralt supuso que eran demonios venidos de otro plano que habían sido invocados a través de magia negra, encerrados en los cuerpos de los animales y obligados a servir a Iris von Everec. La enigmática pareja confiaba en que Geralt los ayudaría a recuperar su libertad perdida, aunque ni el propio brujo tenía mucha idea de cómo hacerlo.

El nombre del rey de la Cacería salvaje, la identidad del señor de las pesadillas, el ser oculto tras la máscara terrorífica... todo esto se desconocía. Con el tiempo, sin embargo, se fueron acumulando datos que sirvieron para identificar al enemigo, aunque no sirvieron para mitigar el terror que inspiraba. La Cacería salvaje era en realidad una brigada de caballería de élite del mundo de los Aen Elle, la gente de los alisos, comandada por su ambicioso e implacable rey, Eredin Bréacc Glas. Recorría sendas secretas a través del gélido vacío que hay entre su mundo y el nuestro para capturar víctimas y llevárselas a su tierra como esclavos. El objetivo actual de su Cacería era Cirilla, cuyo poder Eredin quería dominar para sacarle provecho. El único obstáculo en su camino: Geralt de Rivia.

Hacía unos buenos veinte años que el brujo conocía a la hechicera de cabellos negros como ala de cuervo. Su amistad y los sentimientos entre ambos habían nacido de una aventura en común en la que se había visto implicado un d'jinn que concedió un deseo a Geralt, deseo que entrelazó sus destinos indisolublemente. No obstante, desde entonces su relación había sido bastante tormentosa, rica en altibajos, crisis y rupturas. El amor de Geralt y Yennefer es la prueba irrefutable de la afirmación de que los contrarios se atraen. Unos cuantos años atrás, tras una separación llena de aventuras para ambos, Geralt y Yennefer habían reanudado su relación. Su momento de reposo se vio interrumpido por la Cacería salvaje, que se llevó cautiva a Yennefer. El brujo partió de inmediato a salvarla, pero perdió la memoria al hacerlo. Cuando la recobró finalmente, reemprendió en el acto la misión de encontrar a su amada hechicera.

A Geralt se le asignó la tarea de encontrar a Vlodimir von Everec y conseguir que se divirtiera como nunca. Esta podría haber sido una de las misiones menos admirables del brujo, de no ser porque Vlodimir había muerto muchos años antes. Sin embargo, para el misterioso Señor Espejo, este hecho no suponía un gran obstáculo. Le entregó a Geralt un frasco con sangre de los Von Everec y le explicó un encantamiento que le permitiría invocar a Vlodimir de entre los muertos. Así pues, Geralt se dirigió a la cripta familiar y buscó el lugar donde estaba enterrado el menor de los Von Everec.

Reunirte con viejos amigos después de muchos años da dolor de cabeza. No por antipatía, sino como un presagio somático de la borrachera que se avecina y de su posterior resaca. Pero otras personas hacen que te duela la espalda y que instintivamente saques tu espada. En el caso de Geralt, Letho de Gulet era capaz de provocarle ambas cosas. Este brujo renegado de la escuela de la Víbora se había manchado las manos con la sangre de al menos dos reyes del Norte, fruto de su colaboración con el emperador nilfgaardiano Emhyr var Emreis. Geralt había sido acusado de dichos crímenes y tuvo que perseguir a Letho para limpiar su nombre. Tras un enfrentamiento final en las ruinas de Loc Muinne del que ambos salieron ilesos, Geralt pensaba que nunca volvería a toparse con Letho. Así que fue toda una sorpresa volver a dar con él en un granero cercano a la frontera de Temeria, devastada por la guerra.

Bart, el trol que protegía el tesoro de Dijkstra, podría haber sido el ejemplo perfecto de la última moda que triunfaba entre las clases más adineradas de Novigrado, muy popular entre banqueros, mercaderes o jefes del submundo criminal. La moda en cuestión premiaba a los guardias poseedores no solo de una lealtad inquebrantable, sino también de un tamaño colosal, una energía sin límites y una fuerza física aplastante. La inteligencia, por su parte, no se valoraba en exceso e incluso se consideraba que podría ir en detrimento del trabajo del guardia. Hablando claro: un buen vigilante debía ser lo suficientemente idiota para que no se le pasara por la cabeza traicionar a su jefe. Y por eso trols, ogros y, en último caso, mestizos mágicos eran muy solicitados para dicho trabajo.

Pocos jarls de Skellige eran tan honrados y respetados como Donar an Hindar, el mayor de todos ellos. A pesar de su avanzada edad, seguía siendo el líder activo de su clan y su representante en todas las reuniones oficiales. La única persona capaz de hacerle perder los estribos era Lugos el Loco, cuyo clan llevaba mucho tiempo enfrentado a los an Hindar. El hogar de Donar estaba en Hindarsfjall, como el templo de Freya. Como correspondía a un vecino de los dioses, Donar era famoso por su sabiduría, sus opiniones razonables y su piedad. Aunque con los dioses del continente no se mostraba muy piadoso, ya que durante su juventud había saqueado sus ricos santuarios.

Cuando Geralt se vio inmerso en la lucha entre los dos hermanos, eligió ponerse del lado de su socio Ewald y, combinando sus fuerzas, derrotaron a Horst y a sus guardaespaldas. Luego, Ewald se lo quiso agradecer de la peor manera: intentó jugar sucio y quedarse con la casa de Maximilian. Por fortuna, el brujo mantuvo la cabeza fría y, en lugar de masacrar a Ewald al momento, le propuso un trato que satisfaría a ambas partes. Después, sus caminos se separaron: Ewald se marchó para administrar la fortuna familiar, y Geralt regresó a la Senda del brujo.

Milton de Peyrac-Peyran era un barón de Toussaint y miembro del círculo íntimo de caballeros de Anna Henrietta. Este bienhumorado noble nunca encontró una mesa de banquete tan cargada que no pudiera vaciarla de sus viandas, ni tampoco rehuyó jamás un combate contra bandidos fuertemente armados o cualquier otro enemigo del ducado. Geralt había conocido a Milton años atrás, en unas circunstancias un tanto peculiares que merecen ser relatadas adecuadamente y con detalle. Sus caminos volvieron a cruzarse cuando Milton acudió al brujo como emisario de la duquesa, para pedir a nuestro héroe que lo acompañara a Toussaint.

Muchos no pueden comprender la amistad que Geralt de Rivia ha tenido conmigo durante más de un cuarto de siglo. Cuando empezamos a compartir el pan, las lenguas insidiosas dijeron que lo más seguro era que me terminara robando, acuchillando y tirando mi cuerpo en algún árbol hueco. O de lo contrario, que yo acabaría provocando a alguien para que nos hiciera lo mismo a los dos. Estos individuos hablaban por puros celos, ya que Geralt fue mi amigo más fiel, algo de lo que dio pruebas suficientes en numerosas ocasiones. Podría contar muchas cosas sobre ese famoso cazador de monstruos, el hombre conocido en idioma antiguo como Gwynbleidd o en nuestra lengua, más joven pero no por ello menos noble, "el Lobo blanco". Geralt de Rivia es un personaje realmente excepcional. Un breve encuentro con él podría tentarnos a tacharlo de ser un mero espadachín, un simple cazador de monstruos, un tosco practicante de un sucio oficio, pero si lo miran más de cerca pronto descubrirán que es un hombre de profundidades insondables, de puntos de vista únicos y con una gran experiencia que abarca todo el mundo. En la superficie, es introvertido, reservado y hasta podría decirse que gruñón, pero debajo hay un mar desbordante de bondad, un buen sentido del humor y una gran presteza en ayudar a sus amigos, ya sea con un buen consejo o blandiendo la espada magistralmente. Es un hombre de apariencia y modales bruscos y a veces desastrados, pero que sin embargo disfruta de una gran estima por parte del bello sexo. Es, por resumirlo, un contradicción andante. Dejando de lado la falsa modestia, que tan incómoda me resulta, puedo decir que conozco su historia mejor que cualquier persona viva. He pasado con él por tiempos buenos y por tiempos difíciles, ayudándolo con un sabio consejo, palabras cálidas y un ingenio incisivo. Como resultado, soy una parte vital de su historia, tanto en los episodios anteriores como en los presentes. Es por eso mi deber proseguir con mi crónica, y en beneficio de las generaciones futuras, poner por escrito el siguiente capítulo de sus gestas y hazañas.

Conocimos a Joachim von Gratz, cirujano jefe del hospital de Vilmerius, en circunstancias poco afortunadas. Mi Priscilla había sufrido un ataque, y el médico curó sus heridas. Reconozco que me puse tan nervioso que apenas recuerdo aquel primer encuentro. Solo recuerdo que me pareció un cirujano tranquilo y con mucha información sobre los asesinatos anteriores que incluso se ofreció a ayudarnos en la investigación.

En mi humilde opinión, lo máximo que alguien puede sacar en claro al examinar las entrañas de un animal destripado es si la pobre bestia estaba infectada de parásitos. Sin embargo, Hjort, como muchos otros druidas de Skellige, confiaba plenamente en la aruspicina y la quiromancia. También en la oniromancia, pero esto es más comprensible, puesto que los sueños son la verdadera ruta que conduce a nuestra alma. Se dice que Hjort se había ganado el respeto y la estima de sus camaradas profetizando el futuro con éxito en más de una ocasión, e interpretando el significado de los sueños más obtusos. Este druida se dedicaba en cuerpo y alma al clan Brokvar, y sus conocimientos y habilidades lo convertían en un excelente consejero, en el que el jarl de Spikeroog, Udalryk an Brokvar, confiaba plenamente.

En Skellige, Geralt pudo al fin conocer a Cerys an Craite, la más joven de los dos hijos de Crach. Conocida como Gavilana por sus amigos más cercanos, era tan salvaje y decidida —a la par que ágil— como su apodo daba a entender. Cerys era una isleña de pies a cabeza y la viva imagen de su padre, del que había heredado todo su valor, resolución y testarudez. Intrépida y resuelta, aprovechaba cualquier ocasión para demostrar que no había nada que no pudiese hacer igual de bien (o mejor) que cualquier hombre de las islas, incluido —especialmente— su hermano mayor Hjalmar.

La lista completa de los impresionantes atributos mentales, espirituales y físicos de Margarita Laux-Antille ocuparía una montaña de pergaminos. Rita, como la llamaban sus amigos, llegó a ser la rectora de la academia de hechiceras de Aretusa, la misma escuela que dirigía su famosa abuela, Ilona Laux-Antille. Algo que sorprende, teniendo en cuenta la profesión de Margarita, es que no le interesaba la política: se unió a la Logia de hechiceras solamente por el bien de su escuela. Para terminar, también habría que hablar de su belleza. Se dice que ni siquiera las efigies marmóreas de diosas y ninfas creadas por los mejores escultores podían hacerle sombra a la figura de la hechicera.

La persona oculta tras la identidad de Sigi Reuven no era sino Sigismund Dijkstra, antiguo jefe de las fuerzas especiales redanianas y un hombre con el que Geralt y yo habíamos tenido muchos encuentros en el pasado. Había perdido el favor del rey Radovid y hacía años que no se sabía nada de él. Al parecer, al final había decidido salir de entre las sombras, pero en vez de volver a las riñas políticas se había zambullido en los bajos fondos de la delincuencia para emerger rápidamente como uno de sus líderes principales.

Pocos nombres en la historia del continente producían tanto respeto y terror como el de Emhyr var Emreis, Deithwen Addan yn Carn aep Morvudd —la Llama Blanca que Baila sobre los Túmulos de sus Enemigos—, emperador de Nilfgaard, señor de Metinna, de Ebbing y de Gemmera, soberano de Nazair y Vicovaro, que gobernaba la mitad del mundo civilizado y aspiraba a conquistar la otra mitad. Era uno de esos personajes cuyas gestas y hazañas conformaban el destino de reinos enteros y de sus pueblos. ¿Qué podría entonces querer de un simple brujo?

Más de una vez Geralt se encontró en situaciones en las que no podía impedir la muerte de alguien. De hecho, podría decirse que se había acostumbrado a tal forma de agonía. Pero algo muy distinto es presenciar impotente la ejecución cruel e injusta de un ser querido. Ese fue el destino de Felicia Cori, una joven hechicera a la que Geralt había coincidido en Loc Muinne. Aunque tuvo pocas oportunidades de conocerla mejor, Geralt sentía simpatía por aquella antigua alumna de Philippa Eilhart, pues le parecía una joven agradable y emprendedora. Pero Felicia utilizaba la magia y pertenecía a una de las hermandades de hechiceras más odiadas, y por eso terminó ardiendo en la hoguera.

Las Moiras de Velen no solo eran viejas. Eran, literalmente, ancestrales: existían desde la época de los primeros reyes humanos y, posiblemente, incluso desde la llegada de los elfos. De las tres siniestras hermanas, Susurradora era la más anciana, o al menos eso es lo que afirmaban las leyendas que susurraban los habitantes de la ciénaga. Las susurraban por miedo a que la Moira pudiera oírlas, ya que exigía tributo en forma de orejas humanas que colgaba de los árboles y con las que podía escuchar todo lo que sucedía en la ciénaga por medio de magia primitiva.

Geralt y yo conocíamos a Sheala de Tancarville, la reclusa de Kovir, antigua integrante de la Logia de hechiceras, que en su día conjuraron, persuadieron y hechizaron al mundo entero a su antojo. Sheala siempre dijo que actuaba únicamente por el bien de la magia y la humanidad, aunque se manchó las manos con la sangre de muchos, incluida la de los reyes que se interpusieron en su camino. Participó en innumerables conspiraciones e intrigas en las que a menudo el brujo figuraba como cómplice involuntario, obstáculo o víctima casual. Por eso, los primeros encuentros de Geralt con la hechicera fueron, como mínimo, tormentosos. Podría decirse que, en al menos uno de estos encuentros, Geralt salvó la vida a Sheala, pero eso no implica que este la tuviera en alta estima. A pesar de todo, la visión de la hechicera torturada y mutilada en la mazmorra del rey Radovid hizo que el gélido corazón del brujo se derritiera de pena y compasión.

El rey Bran, antiguo monarca de las islas de Skellige, tuvo una vida larga e ilustre. Cuando finalmente notó que la decrepitud se apoderaba de él, se echó al monte a cazar un oso armado tan solo con un cuchillo... y así terminó su reinado. Sus súbditos la recordaron como una época honorable y respetada, aunque algunos se quejaron de que él hubiera preferido dedicarse a la piratería antes que enfrentarse a los problemas más acuciantes de la isla y de que solía permitir que su esposa le diera a la lengua con demasiada prodigalidad. Otros relacionaban ambas cosas, y afirmaban que Bran zarpaba a librar batallas en ultramar para evitar tener que vérselas con las que lo esperaban en casa.

Geralt y yo conocíamos al doppler Dudu desde hacía años. En realidad, cuando lo conocimos no sabíamos que era él. Hablamos con él por primera vez en Novigrado, cuando se hacía pasar por otro amigo mío, un mercader mediano llamado Dainty Biberveldt. Dudu se hizo pasar por Dainty para utilizar la red de contactos del mercader en unos negocios suyos. Al principio, Dainty se enfureció porque no conseguía localizar al impostor que se estaba entrometiendo en sus asuntos. Pero cuando las inversiones de Dudu comenzaron a reportar buenos dividendos, el mediano cambió de opinión: tomó como socio al doppler y lo presentó a todos como su primo Dudu Biberveldt.

Vivienne de Tabris era la dama de compañía de Anna Henrietta. Era una persona reservada, hermética e inaccesible, pero su belleza fascinaba a los hombres. Geralt lo comprobó cuando aceptó un contrato de Guillaume, que estaba enamorado de ella y sospechaba que era víctima de una maldición. Para poder ser recibido en audiencia por ella, Geralt tuvo que participar en el torneo caballeresco que amadrinaba Vivienne.

Resultó que no solo Geralt estaba buscando a Cirilla. También le seguía el rastro un misterioso mago elfo. Al igual que el brujo, había ido a ver a Keira Metz para preguntarle por el paradero de Ciri. Durante esa conversación, también reveló que tenía un escondite en las ruinas cercanas a la aldea de Sotomedio.

A día de hoy, aún no sé lo que condujo a Geralt a leer el anuncio publicado por Olgierd von Everec. ¿La célebre curiosidad del brujo? ¿Una bolsa de monedas alarmantemente ligera? O tal vez alguna fuerza perversa... Sea como fuere, Geralt decidió hacerle una visita al noble, que gozaba de una triste fama en la región, y perseguir el botín del monstruo de las cloacas. Desde el momento en que lo conoció, Geralt supo que Olgierd era un personaje único. Lideraba una banda de malhechores que besaban el suelo que pisaba, aunque era evidente que él no era de la misma calaña: era una persona culta, amante del arte y defensora de un cierto código caballeresco. Sin embargo, Geralt percibió algo indefinible en aquel hombre, algo que años después calificaría como "un vacío que pedía a gritos que lo llenaran".

Tamara, la hija del barón, se había fugado con su madre poco antes de que Geralt llegara a Percha del Cuervo. El barón la describió como una encantadora joven de diecinueve primaveras, la niña de sus ojos. Lógicamente, el señor de Percha del Cuervo estaba desesperado por encontrarla.

La ciudad libre de Novigrado no conoció rey durante casi doscientos años. Seguro que Francis Bedlam tenía esto en mente cuando se bautizó como el Rey de los mendigos, título que hacía burla de la pomposidad de la corona y al mismo tiempo se adueñaba un poco de ella. Bedlam era un hombre pragmático, rasgo muy útil en su profesión: gestionar una red de ladrones, vagabundos, maleantes y pillos que se extendía por toda la ciudad. Sus contactos le permitían acceder a los rumores más recientes y a la información más jugosa, y gracias a los impuestos que les cobraba a sus "súbditos", obtenía unos suculentos ingresos para mantener su "corte" en la Arboleda Putrefacta.

Geralt se introdujo en las cloacas de Oxenfurt con la idea de cazar a un asqueroso monstruo. Así pues, se imaginarán su sorpresa al encontrarse en uno de los húmedos y fangosos pasillos con Shani, una antigua y muy querida amiga. Geralt y yo conocimos por primera vez a esa extraordinaria mujer hace años, cuando todavía era una alumna inexperta, pero para el momento en que Geralt la encontró en las alcantarillas se había convertido en una reputada doctora y una valiente médica de campo del ejército redaniano. Esta ocupación la llevó, junto con una unidad de soldados de escolta, a descender a las cloacas. Su misión era recoger una muestra del veneno escupido por el engendro que merodeaba por allí. Geralt, un caballero de pies a la cabeza, accedió a ayudarla en su tarea.

El nilfgaardiano Tavar Eggebracht provenía de una familia de larga tradición militar. Sus ancestros habían servido con orgullo bajo el estandarte del Sol Dorado durante las conquistas de Maecht, Geso y Metinna, donde lucharon y murieron por su emperador. Ese mismo destino compartió el primo de Tavar, el coronel Tibor Eggebracht, que falleció en la batalla de Brenna durante la anterior Guerra del Norte. A pesar de eso, Tavar no sentía odio por los norteños, y veía la muerte de su primo como una consecuencia penosa pero inevitable de la guerra. Cumplió con sus deberes como intendente de manera diligente y puso como prioridad el bien de sus soldados.

Imlerith, comandante de la Cacería salvaje y presencia habitual en las pesadillas de Geralt, llevaba mucho tiempo persiguiendo a Ciri con la intención de entregársela a su soberano, Eredin. Este guerrero poderoso y brutal había librado innumerables batallas y campañas de los Aen Elle para conquistar otros mundos. Valoraba el enfrentamiento físico por encima de todo lo demás, con preferencia por las refriegas directas y sangrientas en las que los rivales tenían que demostrar su fuerza, agilidad y entrenamiento en un combate a vida o muerte.

Dominar la oniromancia, el arte mágico de descifrar pasado y futuro por medio de los sueños, resulta complicado incluso para la hechicera más experimentada. Pero las que nacen con ese don pueden practicarlo con maestría sin haber recibido educación alguna. Tal era el caso de Corinne Tilly, cuya fama como soñadora, nombre por el que se conoce a estas adivinas, se extendía por doquier.

Vesemir era el miembro vivo más antiguo de la escuela del Lobo, y muy posiblemente el brujo más viejo de cualquier tipo en todo el continente. Aunque se quejaba eternamente de que le crujían los huesos y tenía casi los mismos años que las ruinas de la propia Kaer Morhen, este maestro de brujos nunca pensó en retirarse, aunque se lo había ganado con creces. Pese a que peinaba canas, conservaba su agilidad, y siguió en el oficio de la caza de monstruos durante su edad de oro. Y además, con gran eficacia, ya que había visto más bestias en su vida que todos sus alumnos juntos. Fue un instructor duro y exigente durante la juventud de Geralt, y con los años se convirtió en una especie de padre adoptivo y mentor de los demás brujos, siempre dispuesto a ayudar con sabios consejos y manos firmes.

Una de las personas con las que se encontró Geralt en la corte de Beauclair fue Damien de la Tour, capitán de la Guardia Ducal. Estaba absoluta e incondicionalmente (decir "irreflexivamente" sería injusto, aunque no del todo inexacto) comprometido con su posición y besaba el suelo que pisaba la duquesa. Si me permiten mi opinión personal, creo que estaba perdidamente enamorado de ella. Daba la impresión de ser el típico soldado, es decir, un lacayo cabezadura que, al ver a Geralt, al momento consideró indispensable demostrar quién tenía las partes pudendas más grandes. Geralt afrontó este desafío con una superioridad imperturbable, mas lo aceptó, y con ello se granjeó una nueva enemistad.

Geralt interpretó erróneamente una de mis notas y dio por hecho que Elihal y yo habíamos sido pareja. Por desgracia, aunque a cualquiera le encantaría contar entre sus conquistas con este sobresaliente elfo, gran conversador y estupendo sastre, lo único que hubo entre nosotros fue una amistad acompañada de buen vino. Geralt lo descubrió cuando visitó la sastrería de Elihal, donde pudo comprobar de primera mano que el elfo tenía una afición un tanto particular: vestirse con las ropas e imitar los gestos de gente del sexo contrario y de otras razas y estratos sociales.

Circulaba una broma por los callejones y las tabernas más sórdidas de Novigrado: el enano Carlo Varese, uno de los cuatro puntales del estrato criminal de la ciudad, a su manera era un fervoroso defensor de la coexistencia de razas. Pero aplicaba este principio de una forma bastante selectiva. Sacabuche creía firmemente tener todo el derecho a dirigir su propio negocio, como buen habitante de la ciudad de Novigrado. Cualquiera que tuviera un problema con su forma de dirigirlo o con la naturaleza de sus negocios, ya fuese enano, humano o mediano, era en realidad un sucio racista. ¿Y qué se podía hacer con una basura de tal calaña? Hacer que sus perros salvajes los devoraran, justo después de cortarles los dedos con el cuchillo de carnicero que usaba. Bien es posible, claro está, que dichas historias no fueran más que rumores. Pero pocos tenían agallas suficientes para contrastar su veracidad.

Aunque Tejedora era la más joven de las tres Moiras, no era ni una pizca menos fea o malvada que las otras dos. Ella era la que tejía tapices mágicos hechos con cabello humano, que obtenía como tributo de los aldeanos de la zona, en ocasiones durante las ceremonias del "primer corte" de niños pequeños. Mediante estos tapices, los adoradores de las Damas del bosque entraban en contacto con sus deidades para adorarlas.

Muchos valientes guerreros respondieron a la petición de Hjalmar para salvar a Undvik del gigante de hielo. Entre ellos estaba Folan, hijo de Ulf, frecuente compañero de batalla y gran amigo de la infancia de Hjalmar. Folan, miembro del clan Tuirseach, era un marino intrépido y un arquero inigualable que no dudó en unirse a aquel viaje que podía albergar peligros y gloria en partes iguales. Todo habría terminado de forma horrible para él sin la rápida reacción del brujo, que lo salvó de las garras de unos trols hambrientos al ganar un concurso de acertijos.

El joven Halbjorn era sobrino de Holger Manonegra, el jarl de Faroe, y uno de los aspirantes a la corona de Skellige. A pesar de su corta edad, ya se había labrado un nombre con sus saqueos de ultramar y sus luchas contra monstruos en peligrosas regiones del archipiélago. Sus hazañas le significaron suficiente fama, renombre y tesoros para tener una buena posibilidad de ser elegido rey.

En su camino, Ciri encontró montones de mentirosos, granujas y villanos... pero, por suerte, también dio con algunas personas decentes. Sin duda, entre ellas se debe contar a Skjall, un joven guerrero de Lofoten. Su familia y él sanaron a Ciri de sus heridas y luego la ayudaron a huir de la Cacería salvaje. Al hacerlo, el joven sacrificó lo que más aprecian los habitantes de Skellige: su honor. Acusado de cobardía, se vio obligado a realizar una gesta heroica para limpiar su nombre. Por desgracia, murió antes de poder hacerlo, ya que una bestia lo hirió mortalmente en un jardín abandonado... y tuvo una muerte lenta, dolorosa y solitaria.

Enano, mercenario, veterano de Brenna, optimista incansable, altruista convencido, amante de las bebidas fuertes y de las canciones descaradas, experto en el juego del gwynt y, por encima de todo, un querido y fiel amigo de Geralt y mío. Damas y caballeros, quiero presentarles a Zoltan Chivay. Nos hicimos amigos rápidamente hace muchos años, cruzando un Riverdell devastado por la guerra, cuando Geralt y yo nos encontramos con él y con la banda que dirigía en aquel momento. Después, el destino volvió a reunirnos en muchas ocasiones y terminamos siendo compañeros inseparables en las buenas y las malas. Al comienzo de nuestro relato, Zoltan y yo nos habíamos hecho socios y regentábamos juntos una taberna de Novigrado: el Romero y Tomillo.

No todos los caballeros andantes de Toussaint eran la encarnación de la virtud, pero si tuviera que escoger a uno entre ellos que personificara el credo caballeresco, ese sería Palmerín de Launfal. Aún es más admirable por el hecho de que, años atrás, no le hacía asco a los placeres de la comida, la bebida y todo tipo de diversiones. Sin embargo, con el tiempo, abandonó el vicio y se acercó al ideal caballeresco. Geralt se percató de ello cuando Palmerín acudió al brujo como emisario de Anna Henrietta. El caballero chapado a la antigua, y en cierto modo ingenuo, le causó una buena impresión, pues aunque se tomaba las formalidades y las cortesías demasiado en serio, no era en absoluto pomposo ni rimbombante.

Al rey Radovid de Redania no le costó mucho revelarse como un gobernante duro e implacable, por lo que recibió el merecido apelativo de "el Severo". Habían asesinado a su padre, el rey Vizimir, cuando Radovid era muy joven. Así, gobernaron en lugar de él su madre, Hedwig de Malleore, y un consejo de regencia. No obstante, el joven Radovid pronto se hizo con el poder por derecho propio y se vengó de aquellos que le habían faltado al respeto. Empezó por obligar a todos sus oponentes políticos a jurarle fidelidad... o a enfrentarse a la muerte. No combatió únicamente contra Nilfgaard, sino también contra los magos, a quienes veía como la raíz de todos los males. Radovid también hizo todos los esfuerzos posibles por controlar la ciudad libre de Novigrado, cuya flota y tesoros podían decantar la balanza hacia la victoria de Radovid en el conflicto en curso.

Horst Borsodi, el propietario de la casa de subastas más famosa de todo el norte, era un esnob y un bufón. Miraba por encima del hombro a Geralt desde la primera vez que lo vio y, cuando supo qué había traído al brujo hasta él, hizo que sus hombres lo sacaran a la fuerza y le dieran una paliza. Decir que su relación comenzó con el pie izquierdo sería edulcorar demasiado la verdad...

Geralt conoció a Keira Metz un buen día en el que, literalmente, se le cayó encima. Durante el infame golpe de estado de la isla de Thanedd, lanzaron a Keira por la ventana y maga casi aterriza sobre la cabeza del brujo. Su siguiente encuentro, en las ciénagas de Velen, fue también muy extraño pero de otra forma: la hechicera, gran amante del lujo, era la última persona que el brujo esperaba encontrar en un lugar tan lúgubre y desolado. Más tarde, Geralt descubrió la razón de esto, y el destino de Keira le dio muchos motivos para meditar sobre las caprichosas vueltas que da la vida. La antigua consejera del rey Foltest fue expulsada de Temeria cuando perdió la confianza del monarca. Después se unió a la Logia de hechiceras, lo que provocó el odio tanto del rey redaniano como del emperador de Nilfgaard. Debido a esto, comenzó a vivir de forma clandestina, haciéndose pasar por una astuta bruja de aldea en el rincón más remoto de Velen. Esto, como era de esperar, la espantaba profundamente.

La historia de Reinald resulta trágica. Un joven brujo que se adiestró en los primeros años de la escuela del Lobo, que exploró el mundo con mente curiosa y el deseo de ayudar a los demás y que al final aceptó un contrato al que no sobrevivió. Poseído por un miasma rojo y encerrado en las minas de la Fosa del Diablo por los mismos sacerdotes del Fuego eterno que lo habían contratado, Reinald demostró una fuerza tremenda para resistir ante la voluntad del espectro. Se encerró a sí mismo y al miasma en una cueva de sal, donde permaneció hasta que su vida se deslizó lentamente hacia la oscuridad y la tristeza. La presencia del espíritu de peste mantuvo el cuerpo del brujo en un estado de no muerte, mientras Reinald se agarraba a la brizna de esperanza de que su querido amigo viniera algún día a rescatarlo. Pero los días se convirtieron en semanas, y estas en años, y estos en siglos...

Si este mundo ha llegado a conocer un gobernante que disfrutara de la absoluta admiración de sus súbditos sin la necesidad de una represión sistemática ni un verdugo especialmente cruel, esa es, sin lugar a dudas, la soberana de Toussaint, la duquesa Anna Henrietta. Llamada Anarietta por aquellos que la conocían bien, era la viuda del malogrado difunto duque Raymund y, en su día, amante de un afamado y talentoso artista que prefiere mantenerse en el anonimato. Hace unos cuantos años, cuando el brujo y un grupo de amigos visitaron Toussaint, Anna Henrietta tuvo la oportunidad de conocer a Geralt de Rivia. Gracias a esto, cuando una misteriosa Bestia comenzó a atacar a sus cortesanos, la duquesa supo exactamente a quién tenía que llamar...

El joven Cyprian Wily era uno de los criminales más peligrosos de Novigrado. Había heredado los casinos, el ring de lucha y los burdeles de su padre, así como sus tendencias sádicas, su crueldad y su falta de escrúpulos. Dichos rasgos habían convertido el mote "Bastardo" en una especie de herencia familiar para su poderoso clan criminal.

Al hijo que no puede deshacerse de la sombra de sus progenitores le espera una vida muy dura. Tras la muerte de su padre, el querido rey Bran, Svanrige se convirtió en el gobernador oficial del clan Tuirseach, que controlaba una amplia parte de la isla de An Skellige. Pero aquel hombre tranquilo y apacible seguía pegado a las faldas de su madre, Birna, que intentaba controlar todas las acciones de su hijo. Con una guardiana tan sobreprotectora, era difícil imaginar que Svanrige pudiera convertirse en un hombre capaz de dirigir un poderoso clan de Skellige por sí solo.

El rato que Geralt estuvo en la casa de subastas terminó en catástrofe. No solo lo echaron de una patada en su venerable trasero de brujo, sino que también fue incapaz de averiguar algo acerca de la casa de Maximilian. Mientras cavilaba sobre cuál sería su siguiente movimiento, un desconocido se le acercó. No dijo cómo se llamaba, ni de dónde venía, ni de dónde conocía al brujo, ni cómo había dado con él. Lo único que le reveló fue que podía ayudarlo a acceder a la cámara acorazada de la casa de subastas de los Borsodi, sin pedir permiso al propietario. El desconocido le propuso una reunión en un lugar más apartado, donde podría explicarle su plan con más detalle.

Morvran Voorhis era el comandante de la División Alba, un oficial del más elevado rango y aristócrata de pura cepa, alguien que podría llamarse nilfgaardiano con orgullo, algo reservado únicamente a los habitantes nacidos en la capital del imperio y sus alrededores más próximos. En su primer encuentro, Geralt no sabía lo importante que era la persona a la que se le había asignado la misión de "hacer algunas preguntas rutinarias". Pero conociendo al brujo, estar al tanto del rango y el estado de Morvran no habría cambiado mucho las cosas.

Graden era un cazador de brujas al servicio del rey Radovid. Al contrario que muchos de sus camaradas, se presentaba ante los demás como un tipo razonable y sin prejuicios, al menos en lo que a brujos se refiere.

En aquellos días, las persecuciones y el humo de cientos de hogueras asfixiaban el aire de Novigrado. Este sombrío ambiente era aprovechado por muchos carniceros sanguinarios para construirse acogedores nidos en él. Conspiraciones continuas, detenciones en masa y juicios con público que terminaban en ejecuciones en grupo eran los materiales de construcción favoritos. Caleb Menge, el ambicioso y fanático jefe de la Guardia del templo del Fuego eterno, era uno de aquellos oportunistas, y su momento de gloria llegó cuando desenmascaró a su oficial superior, Chappelle, que era en realidad un doppler disfrazado. Geralt vio por primera vez a Menge cuando este encendía la hoguera de Chappelle en la plaza mayor de Novigrado y no le quedaron dudas de que a aquel hombre el apelativo "fanático hijo de puta" le quedaba corto.

Tras el fallecimiento de Guthlaf, senescal de confianza de los jarls de an Craite, varias de sus funciones se traspasaron a Arnvald, el copero del jarl. Este anciano de Skellige carecía de la vasta autoridad de su predecesor, pero aun así consiguió hacerse irreemplazable en los pocos años que ocupó aquel puesto. Entre sus funciones no solo estaban la de abastecer las despensas y bodegas de Kaer Trolde, sino también la de satisfacer las necesidades de los habitantes de la fortaleza, así como de los invitados durante los banquetes y otras ceremonias importantes.

El hijo mayor de Lugos el Loco, y su único heredero, era un joven fornido y de gesto adusto que en nada se parecía a su padre. Lo apodaron así en su infancia, ya que su cuerpo solía estar cubierto de hematomas provocados supuestamente por los violentos juegos propios de los muchachos de Skellige. Sin embargo, otros sospechaban que los moretones tenían que ver con el cinturón, la vara o los puños de su padre: se rumoreaba que Lugos padre no quería malcriar a su único hijo, razón por la cual lo castigaba duramente por cualquier travesura o fracaso.

Aunque Lugos el Loco, jarl del clan Drummond, no era especialmente corpulento o fuerte, muchos hombres de las islas se apartaban apenas lo veían llegar. Lugos, siempre enfrentado a sus vecinos, era famoso por su temperamento furioso y violento y conseguía pelearse incluso con alguien tan pacífico como Donar an Hindar. Pero el mayor rival de Lugos era Crach an Craite, al que acusó de robarle parte de su territorio (que en su opinión ocupaba todo Ard Skellig). Esta disputa entre clanes se remontaba a cientos de años atrás y nada parecía indicar que su fin estuviera próximo mientras estos dos fieros enemigos siguieran con vida. Lugos odiaba a Crach con saña, y solo lo frenaban las leyes de Skellige y el tremendo desequilibrio de poder entre los dos clanes.

Siempre he considerado un motivo especial de orgullo el poder contar con Triss Merigold de Maribor entre mis amigos más íntimos y queridos. Esta hechicera de talento excepcional fue una estrella rutilante en su profesión, la antigua consejera del rey Foltest y famosa heroína de la Batalla de Sodden, conocida como la "Decimocuarta de la colina". Y no se parecía en nada a sus hermanas de magia, casi siempre altaneras. Su ingeniosa mente, su sonrisa cálida y su considerable encanto personal siempre le habían ganado hasta al más duro de los corazones. Aunque personalmente mi relación con Triss siempre fue de naturaleza fraternal, en un momento dado Geralt de Rivia encontró irresistibles sus atractivos. Desde entonces, los dos estuvieron unidos por sentimientos mucho más profundos que una gota superficial de amor pasajero.

Geralt no conoció a Anna Strenger, esposa del Barón sanguinario, durante su visita a Percha del Cuervo. Poco antes de su llegada, la mujer había desaparecido de forma inexplicable con su hija Tamara. Lo que Geralt sí obtuvo fue una descripción precisa de la mujer desaparecida: Anna era una atractiva mujer de unos cuarenta años, de ojos verdes y cabello oscuro como alas de cuervo, que llevaba recogido en un rodete.

El emperador Emhyr les había planteado a los magos de Nilfgaard dos simples opciones: servir a su país sin contemplaciones o morir en prisión. Fringilla Vigo, una dama que ejercía de hechicera en el ducado vasallo de Toussaint, se negó a ambas cosas y se unió a la infame Logia de hechiceras, cuyo objetivo era enfrentarse a los dictados de reyes y emperadores. Pero aquel ambicioso plan nunca llegó a cumplirse, y Fringilla Vigo temía que se descubriera su vínculo con aquella subversiva organización y que los verdugos del emperador pusieran fin a su vida. Hay que recordar que Geralt había conocido a Fringilla muchos años atrás, en el palacio ducal de Beauclair, mientras disfrutaba de la hospitalidad de mi antiguo amor, la duquesa Anna Henrietta. El brujo, que sentía una debilidad por las hechiceras, mantuvo en aquella época una relación muy intensa con la señorita Vigo, algo que seguramente no fue del agrado de Triss y Yennefer.

La Loma de los Susurros: si el mundo fuese como es debido y no como es en realidad, este nombre evocaría un lugar de rincones apartados y amantes compartiendo mentiras piadosas entre susurros. Pero en realidad era un lugar peligroso y terrorífico, en el que los animales salvajes, movidos por un poder misterioso, habían matado a varios habitantes de Madriguera Baja. Geralt accedió a investigar el problema y pronto descubrió que un espíritu encerrado en lo alto de la loma controlaba a los animales. Con voz de mujer, el espíritu le contó al brujo que en el pasado había sido una druida que vigilaba el bosque de Velen, hasta que las Moiras la asesinaron y la encerraron en el árbol. Las fuerzas de la naturaleza, a las que la druida había servido, la protegieron de los designios de las hermanas demoniacas. Los desafortunados habitantes de la zona fallecieron por daños colaterales ya que, como afirmaba el espíritu, la ira de la naturaleza se volvió incontrolable y era incapaz de distinguir entre incautos inocentes y malhechores indeseables. El espíritu le suplicó a Geralt que acabara con su maldición para liberarla de su tormento. A cambio, le prometió rescatar a los huérfanos del claro de la ciénaga, destinados a morir a manos de las Moiras.

Como comandante de las fuerzas especiales temerias, un escuadrón de élite conocido como los Franjas azules, Vernon Roche había sido uno de los subordinados de confianza del rey Foltest. Una y otra vez, Roche se mostró leal, eficaz y muy profesional. Pocos demostraban tener tanta habilidad para aplacar rebeliones, luchar contra los nilfgaardianos o liquidar bandas de Scoia'tael. Pero cuando comenzó nuestra historia, había perdido a su rey, sus hombres y su tierra, por lo que decidió comenzar una guerra de guerrillas contra las fuerzas ocupantes, abrumadoramente más poderosas.

Geralt necesitaba a alguien que pudiera escalar el muro de la torre contigua a la casa de subastas de los Borsodi, que era liso como el cristal. Uno de los pocos capaces de hacerlo era Hugo Hoff, alias "Empanadilla", un mediano con un incontable número de asaltos y robos a sus espaldas. Geralt tenía que buscarlo en Oxenfurt, el territorio predilecto tanto de estudiantes como de criminales...

Guillaume de Launfal era el prototipo de caballero andante, el hombre anuncio de Toussaint, por así decirlo. Cuando Geralt conoció al joven, este se encontraba arremetiendo con valentía contra un molino... que, para ser justos, ocultaba la figura de un feroz gigante.
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