Monstruos · Phantom Blade Zero · Página 2

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Acechador del Velo Níveo

Discípulos de la Banda de las Aguas Negras que combinan técnicas de hielo con la Trascendencia y empuñan guadañas de media luna que desprenden un frío glacial con cada golpe. Expertos en ocultar su presencia, se esconden entre la nieve y aguardan la ocasión de emboscar a sus presas. Antaño eran apasionados de la pesca en hielo que pasaban años en aguas gélidas; ahora se han convertido en temibles cazadores entre la nieve. Golpea la nieve con el Tridente de Loong para romper su camuflaje y obligarlos a salir a la vista.

Máscara de hierro

Guardias personales de élite de Huangxing, vestidos de negro y armados con hojas anchas y pesadas. Sus técnicas son feroces y arrolladoras, y se valen de la fuerza bruta para superar la destreza. Se mueven como fantasmas: desaparecen en un instante y reaparecen cuando sus hojas ya caen sobre la cabeza del enemigo. Son honestos y afables por naturaleza, y rara vez tratan con dureza a los demás. Durante diez años se entregaron a la senda justa, pero siguieron siendo unos desconocidos, mientras oportunistas de verbo fácil se llevaban el mérito y las alabanzas. Hacía tiempo que se habían acostumbrado. Hasta que los compañeros con quienes habían compartido peligros mortales empezaron a morir uno a uno por heridas y enfermedades, mientras aguardaban unos refuerzos que nunca llegaron.

Marioneta de guerra con alabarda

Marionetas Yang que empuñan pesadas alabardas y tienen afiladas cuchillas en lugar de pies. Las cuchillas rozan el suelo como si se deslizaran sobre hielo, permitiéndoles avanzar y girar para atacar por sorpresa e introducir en sus enemigos el frío que hiela los huesos acumulado en sus alabardas. Todas eligieron convertirse en marionetas. Sus cuerpos de carne y hueso ya habían quedado destrozados luchando por la Dama, así que los abandonaron para seguir matando con una devoción inquebrantable dentro de frías carcasas que nunca sangran ni se cansan.

Loca de la gran hoja

Mujeres enloquecidas vestidas de rojo que portan hojas enormes y monstruosas. Aunque delgadas y encorvadas, despliegan una fuerza aberrante al blandir esas armas pesadas, desgarrando el aire con cada golpe. Sus ataques no tienen forma ni disciplina, solo el impulso salvaje de aplastar a todo ser vivo que tengan delante. No podían confiar en el Mandato. Tampoco en la familia, los amigos, los amantes, los dioses ni los budas. Por eso se tendieron en la mesa de Trascendencia, con la esperanza de que, con sus propias manos y una hoja como únicos recursos, pudieran abrirse paso en este mundo sin esperanza.

Lanzarredes de las Aguas Negras.

Discípulos de la Banda de las Aguas Negras, con pulpos enrollados al cuello y patadas fieras y salvajes. Llevan proyectiles explosivos hechos a propósito que, al impactar, sueltan una descarga de rayos, paralizan al instante los miembros del enemigo y lo dejan sin poder moverse. La noticia de la razia de los caminantes enmascarados despertó la sangre de estos hombres. Buscaron someterse a la Trascendencia y usar la munición que ellos mismos fabricaban para acabar con los caminantes enmascarados.

Cazador

Élites a las órdenes de Huangxing. Sus rostros se ocultan tras máscaras de hierro negro trazadas en oro. Un pelaje pardo se superpone a la armadura, lo que les permite fundirse con la hierba y los árboles al moverse por las montañas. Diestros con arco y espada, pueden acercarse y cruzar golpes si sus flechas no derriban a la presa. Fueron antaño miembros del Mandato, pero, cansados de su hipocresía, hacía tiempo que se habían retirado al campo. Cuando Huangxing los llamó de vuelta, pasaron por la Trascendencia perfecta junto a él, con la esperanza de ayudarle a sostener la justicia y arrancar de raíz toda corrupción e injusticia... Las flechas que antaño derribaban liebres y gansos salvajes tienen ahora a hombres vivos en el punto de mira.

Espadachín escarlata

Discípulos de la senda justa vestidos de rojo que combinan las técnicas de la Secta del Cuchillo Escarlata con la Trascendencia perfecta. Utilizan la sangre como catalizador y liberan un Sha-Chi rojo como la sangre con un rugido atronador, sumiendo en el frenesí a los trascendidos perfectos cercanos. Algunos espadachines menos diestros, o que se iniciaron en las artes marciales a una edad tardía, temían que la Trascendencia perfecta por sí sola no bastara para destacar entre sus compañeros. Recurrieron a estas técnicas y obtuvieron tanto una mayor fuerza como sus propios seguidores. Cuando el aura de sangre que emanaba de ellos empezó a teñirles la ropa de rojo, se limitaron a ponerse túnicas rojas. Sin embargo, el hedor a sangre es imposible de ocultar.

Ho-ho

Discípulos que llevan cabezas de la danza del león, con técnicas marciales derivadas de sus movimientos. En combate, saltan y embisten bajo la apariencia de un león auspicioso, y pueden escupir de pronto llamas por su boca como una bestia feroz. La danza del león busca transformar el espíritu del intérprete en el del león. La Trascendencia, en cambio, atrapa ese espíritu bajo la cabeza del león y lo pone al servicio de la matanza. A medida que su espíritu se marchita, sus cuerpos también se encogen. En combate, suelen quedar confusos y desorientados, a veces incapaces de distinguir entre amigos y enemigos, hasta el punto de atacar a sus propios compañeros.

Hombre de hierro: Bastón

Monjes del templo Kuye reducidos ahora a guardias de la Torre del Sha-Chi. Sus viejos bastones de monje, que los monjes guerreros utilizaban antaño para someter a sus adversarios, se han oscurecido y desgastado con el paso del tiempo. Ahora los blanden con una fuerza brutal, descargando golpes, giros, estocadas y barridos contra cualquier intruso vivo. Solo cuando el Sha-Chi los consumió comprendieron la verdad: todas las pistas inciertas que habían seguido formaban parte de una trampa destinada a atraerlos a la torre.

Sanador sin corazón

Sanadores con máscaras manchadas de sangre. En lugar de brazos tienen enredaderas que extraen Sha-Chi y fuerza vital de discípulas para curarse a sí mismos y a caminantes enmascarados. Solo los vivos quedan fuera de su cuidado. ¿Se cortaron los brazos para someterse a la trascendencia, o buscaron la trascendencia para fortalecerse tras mutilarse? Lo han olvidado, y ya no les importa. Estos sanadores perdieron el corazón y se entregaron a la dulzura de la sangre y la fuerza vital.

Bandido a caballo

Jinetes saqueadores armados con sables de mango largo, escudos redondos y arcos largos. Atacan con ferocidad desde la silla y sueltan flechas en rápida sucesión al galope. Incluso desmontados, se defienden con las armas que llevan y combaten con el mismo estilo brutal y tosco que los bandidos más diestros. Como su líder, envidiaban a los discípulos del Mandato que patrullaban las montañas a caballo, convencidos de que montar a caballo elevaría su posición. Robaron una y otra vez caballos de caravanas y postas, y con esas monturas hicieron florecer aún más su oficio de robo y pillaje.

«Belleza del pueblo»

Marionetas con forma de campesinas y rostros delicadamente tallados. Empezaron a aparecer en el pueblo de vez en cuando hace unos dos años. Entonces no estaban tan deterioradas ni eran tan inquietantes, y no se abalanzaban sobre los vivos para arañarlos. La mayoría de los adultos evitaba estas cosas extrañas. Los niños curiosos, en cambio, se acercaban a veces riendo y gritaban: «¡Belleza del pueblo!». Y a veces, la Belleza del pueblo alzaba la mano para acariciar la cabeza de un niño.

Guardián de las Sombras mosquetero

Guardianes de las Sombras de la Orden armados con mosquetes, a menudo ocultos en aleros altos y tejados. Sus armas tienen un alcance excepcional, lo que les permite abatir a sus enemigos con disparos precisos a larga distancia o, tras apuntar brevemente, disparar en rápida sucesión para mantenerlos a raya con fuego concentrado. A diferencia de sus compañeros que prefieren el combate cuerpo a cuerpo, estos asesinos que acechan en las sombras poseen una paciencia y una crueldad mucho mayores. Esperan en silencio el momento oportuno y luego aprietan el gatillo con una precisión letal.

portabombas

Porteadores de bombas que deambulan por la Torre del Sha-Chi en busca de algo que pueda contener el Sha-Chi que se desborda en su interior. Las enormes bombas que llevan a la espalda lastran cada paso. Sin embargo, al ver a un enemigo, el Sha-Chi los impulsa a perseguirlo para morir junto a él. Los ataques de fuego pueden detonar sus bombas antes de tiempo. Pertenecían a la Secta del Cielo y el Trueno y se enorgullecían de su ingenio, burlándose en secreto de los espadachines que nada sabían de pólvora o mecanismos sofisticados. Sus bombas podían almacenar tanto pólvora como Sha-Chi… Cuando afloraron los defectos de la Trascendencia, ya era demasiado tarde.

Marioneta Yang (mitad inferior)

Marionetas Yang defectuosas, sin torso ni cabeza, con solo cintura y piernas. Aun así patean, pisotean y cargan sin freno. Queda poca conciencia en su interior. Solo el instinto de supervivencia mantiene en movimiento estos restos.

Merodeador de túnica amarilla

Merodeadores con túnicas amarillas andrajosas que blanden toscas porras erizadas de púas de hierro. Saltan a gran altura para descargar el arma con violencia o la hacen girar en una sucesión de golpes salvajes. Aquellas túnicas amarillas identificaban antes a los trabajadores del pueblo, fáciles de reconocer y de mandar. Ahora nadie les da órdenes a gritos. Solo el rojo cada vez más oscuro de sus máscaras da testimonio de sus innumerables atrocidades.

Exploradora de Baishan

Exploradoras de Baishan que se han sometido a la Trascendencia perfecta. Fieras y letales, dominan poderosas técnicas de pierna y entran y salen del combate como el viento. Armadas con ballestas de mano, destacan en las escaramuzas y disparan virotes en cuanto se cruzan con un enemigo o se deslizan hasta un punto ciego. La Trascendencia perfecta puede entrañar riesgos ocultos, pero el peligro no les resulta desconocido. Explorar las líneas enemigas, transportar información, infiltrarse en lugares de los que pocos regresan… Cada paso por el Wulin está lleno de peligros. Si no están dispuestas a correr riesgos, ¿cómo podrán proteger a la Secta de Baishan en su lucha por sobrevivir?

Espadachín de túnica púrpura con armas gemelas

Espadachines que se han sometido a la Trascendencia perfecta. Ágiles de pies y diestros con la espada, manejan sus dos hojas con fluida precisión, enlazando un golpe tras otro sin interrupción. Al girar y dar volteretas en el aire, cruzan el cielo como relámpagos violetas, mortíferos en cada movimiento. Habían percibido la creciente tensión en el campamento, pero la atribuyeron a disputas corrientes entre compañeros. Incluso cuando las luchas internas se recrudecieron a su alrededor, creían que podrían mantenerse al margen del caos si permanecían fieles a sí mismos. Solo cuando los ataron por la fuerza a la mesa de Trascendencia comprendieron por fin la verdad. En un mundo que ya se desmoronaba, nadie podía quedar al margen.

Merodeador de doble hacha

Merodeadores de complexión poderosa, con las extremidades inundadas de un potente Sha-Chi. Cargan en primera línea y blanden sus dos hachas sin contención. Cuando el hambre los asalta en combate, absorben la sangre y la vitalidad que los rodean. Ni siquiera perdonan a sus compañeros. Antaño eran los pilares de su pueblo. Los ancianos reservaban para ellos el escaso grano y la poca carne. Cuando llegaron los Caminantes enmascarados, se pusieron al frente con sus hachas. Cuando les ofrecieron la Trascendencia, fueron los primeros en aceptarla. Con el tiempo, la carne de los aldeanos se convirtió en el alimento sin el que ya no podían vivir.

Guardián de las Sombras a caballo

Los Guardianes de las Sombras montados de la Orden cargan de frente por el camino principal, empuñando hojas de doble punta cuyos filos helados irradian una intención asesina. Se especializan en asaltos frontales y aprovechan el impulso de sus caballos al galope para acortar la distancia en un instante, dejando a sus rivales pocas posibilidades de esquivar el ataque. Los Guardianes de las Sombras no tienen nombres, solo nombres en clave. Los sellos mentales de sus cuerpos los obligan a servir al Soberano de las Sombras sin cuestionarlo. Esta vez, el nuevo Soberano de las Sombras los ha enviado a interceptar y matar a Soul, y no se detendrán hasta que uno de los bandos haya muerto.

Guardiana de Baishan con armas gemelas

Guardianas de Baishan que se han sometido a la Trascendencia perfecta. Con un giro de muñecas, sus dagas gemelas giran como flores que se dispersan, mientras hojas cortas salen disparadas como meteoros entre cada intercambio de golpes. Sus movimientos conservan la gracia y la agilidad de antaño, ahora con un matiz más frío y resuelto. Vivieron la agitación de la Secta de Baishan, presenciaron la tragedia causada por Dugu Linghe y vieron cómo Bi Taotao asumía el mando en un momento de crisis. Ante el largo y difícil camino para restaurar la secta, juraron permanecer junto a su líder y ayudar a los Tres Pilares de Kunlun contra los caminantes enmascarados… Pero ¿adónde han ido los Tres Pilares? ¿Acaso permanecieron de verdad a su lado cuando les tocó hacerlo?

Bandido veterano

Bandidos diestros armados con podao, escudos y arcos largos. No dominan ninguno de los tres, pero su pura temeridad basta para que se atrevan con los tres. Su estilo tosco y poco ortodoxo puede resultar de una ferocidad sorprendente y, si se les da la ocasión, tenderán el arco y soltarán una flecha. No dejes que sus provocaciones te empujen a abalanzarte. Cuando golpean los escudos con el podao, es a la vez un reto y la señal para que sus compañeros te rodeen. Al fin y al cabo, ¿qué clase de «maestro» serían sin una muchedumbre de seguidores para montar el espectáculo?

Espadachín sin rostro

Espadachines vestidos de blanco, antaño conocidos por su esgrima elegante y fluida. La Trascendencia los hizo más rápidos y fuertes, pero también más salvajes y dementes. Para ocultar las huellas de la Trascendencia, suelen envolverse el cuello y el torso con tiras de tela. Sin embargo, a medida que sus rostros se convierten en huecos vacíos, resulta imposible ocultar la verdad: ya no son humanos.

Ladrón

Ladrones flacos, de pie ligero. Las artes de tejado y de correr por los muros de antaño sirven ahora para emboscar y esconderse. Los cuchillos arrojadizos que afilaron para sus robos se han vuelto armas mortales apuntadas a la garganta. Una vez pensaron: robar más casas ricas, ayudar a más pobres, y así se sometieron a la Trascendencia. La máscara sonriente de comedia en la cara reprime el Sha-Chi y los presenta como «inofensivos». Al final enloquecieron; la máscara sonriente, sucia y ennegreciéndose día a día, solo los vuelve más inquietantes.

Piquero sin rostro

Lanceros montados de ropaje azul con el rostro reducido a una cavidad. Cargan a caballo con la lanza baja, descargando toda la fuerza del galope en cada estocada mortal. Si un ataque frena su avance, giran la montura y contraatacan, lo que los hace difíciles de abordar. Muchos obtuvieron la túnica azul por enchufes más que por mérito. Pero con la túnica llegaron vergüenza y frustración... Algunos recurrieron a la trascendencia perfecta con la esperanza de demostrar que la merecían.

Ja, ja

Un asesino de los Hilos Vinculantes que lleva una máscara de muñeco cabezón. La sonrisa de la máscara resulta aún más siniestra y aterradora junto a la enorme hoja que empuña. Su superstición en torno a las técnicas de las Llanuras Centrales los lleva a creer que estas máscaras pueden prolongar la vida, ahuyentar el mal y contener los efectos adversos de la Trascendencia. También están convencidos de que las artes escénicas y las acrobacias pueden canalizar el poder divino hacia el cuerpo, por lo que incorporaron sus movimientos a sus artes marciales y desarrollaron una esgrima salvaje y caótica, con hojas que destellan como garras y colmillos. Se desconoce si estas prácticas heterodoxas poseen realmente semejante poder sobrenatural. Lo único seguro es que sus cuerpos se han ido encogiendo hasta ser apenas más grandes que los de unos niños.

Máscara dorada

Guardias de élite de Huangxing, armados con hojas cortas y conocidos por sus pasos rápidos e imprevisibles. En combate, lanzan cuchillos mientras se mueven y pueden recurrir a artes esotéricas para desaparecer de la vista y reaparecer sin previo aviso. La Trascendencia perfecta les dio la fuerza que necesitaban. Ya no tendrían que dejarse frenar por dirigentes inútiles, adular a los vanidosos y corruptos ni demostrar su valía a hipócritas que abusaban de su poder. Así pues, se pusieron relucientes máscaras doradas y decidieron arrancar de raíz la corrupción de la senda justa de una vez por todas.

Pescador de las Aguas Negras

Discípulos de la Banda de las Aguas Negras que viven para pescar. En combate, enganchan con sus cañas los restos que flotan en el agua y los lanzan contra sus enemigos. En un principio se unieron a la Banda de las Aguas Negras solo para acceder a sus excelentes caladeros. Más tarde, sin embargo, decidieron aprovechar sus cuerpos transformados por la Trascendencia para ayudar a la senda justa. Si las cosas hubieran sido distintas, quizá seguirían a bordo de su destartalada barquita, pasando los días pescando peces y gambas y tomando unas copas siempre que tuvieran ocasión.

Merodeador de lanza

Estos merodeadores portan lanzas toscas y barbadas y merodean alrededor de las hogueras. Si falla el asalto directo, prenden fuego a las puntas de sus lanzas y atacan con las hojas ardientes. Son una amenaza mayor que los demás merodeadores vestidos de azul. Para hacerse más fuertes y protegerse mejor, entregaron más que el resto a la Trascendencia.

Ladrón ahogado

Ladrones envueltos en una niebla venenosa, con cuchillos arrojadizos recubiertos de la misma toxina. Utilizan el agua para ocultarse y esperan la ocasión de atacar desde su escondite. Hace años, después de que un robo saliera mal, huyeron presas del pánico y cayeron en aguas estancadas y contaminadas. Una extraña enfermedad se apoderó de ellos y dejó sus cuerpos putrefactos y venenosos. La Trascendencia no pudo detener la podredumbre que se extendía por sus órganos, pero al menos ya no sienten dolor. Ahora, bajo sus ridículas máscaras sonrientes, apenas quedan unos cuerpos podridos y enloquecidos.

Merodeador lanzador

Merodeadores que usan piedras rotas como armas. Saben que no pueden imponerse de frente a un enemigo, así que se esconden detrás de otros y aprovechan cualquier ocasión. Su puntería es mala, pero un ataque por la espalda aún puede causar problemas. Con la astucia y la tenacidad de la mala hierba, sobrevivieron al hambre y a las palizas. Sus juegos infantiles de lanzar piedras en las callejuelas del pueblo quedaron muy atrás. Quizá su última inocencia fue la esperanza de que la Trascendencia les permitiera llegar a ser alguien.

Hmph, hmph

Un asesino de la Secta de los Hilos Vinculantes que lleva una máscara de muñeco cabezón. El molinete de acero que sostiene gira por sí solo. Suele colocarlo boca abajo frente a su cuerpo y aprovechar su impulso para barrer y cortar. Sus movimientos se parecen a los de un niño: salta y corre de un lado a otro, soltando de vez en cuando un murmullo indistinto. Estos asesinos están convencidos de que los niños no reciben castigo aunque alberguen malos pensamientos. Por eso llevan años usando las máscaras, imitando las palabras y los actos de los niños y dejando que tanto sus cuerpos como sus mentes retrocedan. Lejos de avergonzarse, se enorgullecen de ello, convencidos de estar un paso más cerca de recuperar la juventud.

Carnicero

Carniceros sometidos a la trascendencia. Las máscaras de cobre que suprimen su Sha-Chi cuelgan torcidas de sus rostros, para que puedan comer cuando les plazca. Sus ganchos de hierro arrastran a los enemigos lejanos hasta el filo de sus cuchillas, mientras la inmundicia que vomitan forma un miasma venenoso a su alrededor. Cuando empiezan a engullir trozos de carne, recuperan fuerzas para un nuevo asalto homicida. Cuando escasea la comida, la carne humana es el manjar por excelencia. Ahora, incluso eso escasea. Solo quedan perros hambrientos y frenéticos junto a sus tajaderos, aguardando su parte de restos y huesos.

Lancero sin rostro

Lanceros trascendidos cuyos rostros se han convertido en huecos vacíos. Cada barrido, desvío, estocada y golpe ascendente es rápido y preciso. Qué difícil es seguir siendo justos. Derrotas, heridas, miedo, agotamiento… Tantas penurias los empujaron hacia una solución rápida, convencidos de que podría cambiar su suerte.

Marioneta cantora

Marionetas cantoras delicadas y de exquisita factura. Una cavidad espantosa se abre desde la mejilla hasta el cuello, desgarrada por sus gritos desesperados de auxilio cuando su conciencia quedó sellada en el interior. Sus voces, antaño hermosas, se han convertido en gritos roncos. Una y otra vez se llevan las manos a la garganta, solo para encontrar aquel hueco abierto. Impulsadas por la confusión y el dolor, arañan a los vivos, tratando de desgarrarles la garganta y recuperar sus voces perdidas de la carne cálida de su interior.

Merodeador corrompido

Merodeadores que apestan a putrefacción, con la carne de un enfermizo tono azul negruzco salvo por una mancha roja oscura sobre el corazón. Asestan tajos descontrolados con dos hachas y, en pleno frenesí, llegan a abrirse las muñecas para rociar su sangre venenosa. La mayoría son los restos arruinados de Trascendencias fallidas, arrojados al barranco y abandonados a la putrefacción. Entonces los aldeanos consiguieron esos hilos rojos que prometían salvar vidas y los ataron alrededor de sus cuerpos y máscaras. De algún modo, aquellos cadáveres putrefactos comenzaron de verdad a moverse de nuevo.

Mujer enloquecida por el fuego

Mujeres enloquecidas que portan botellas de aceite de lámpara. Sus manos trascendidas ya no temen las llamas, por lo que pueden esparcir el fuego libremente y lanzarlo contra los vivos. Ya no necesitan contar cada gota de aceite de lámpara. Los fracasos de la Trascendencia producen más combustible del que jamás podrían gastar, suficiente para convertir la noche en un mar de fuego.

Guardián de las Sombras de fuego salvaje

Combatientes de élite de la Orden, vestidos de rojo y armados con hojas de doble cabeza tratadas con un polvo fosfórico especial. Sus golpes desgarran la carne y prenden unas inquietantes llamas fosfóricas verdes a lo largo de las heridas. Suelen luchar junto a guardianes de las Sombras con trabuco, combinando el fuego a larga distancia con asaltos cuerpo a cuerpo para arrollar a sus presas. Quienes caen entre ambos apenas tienen ocasión de respirar antes de recibir el castigo de la Orden entre llamas fosfóricas.

Marioneta Yang (mitad superior)

Marionetas Yang defectuosas que se desplazan apoyadas en los brazos, reptando de forma antinatural por el suelo antes de abalanzarse sobre los enemigos. Quizá las mentes aprisionadas en su interior pertenecieron alguna vez a artistas marciales, lo que explicaría tal ferocidad. Pero nada de su pasado puede recuperarse. Ahora no son distintas de perros frenéticos.

portabombas venenoso

La pólvora de la Secta del Cielo y el Trueno ya era devastadora, pero algunos discípulos aún la consideraban insuficiente y mezclaron veneno con ella para hacerla todavía más mortífera. Con el tiempo, el veneno les pasó factura. Los más afectados desarrollaron la piel verde y llagas supurantes por todo el cuerpo. Desesperados por encontrar una cura, combinaron la Trascendencia con el veneno y utilizaron las «bombas» que llevaban a la espalda para almacenar tanto gas tóxico como Sha-Chi. Al final, no hicieron más que convertirse en otra de las «armas nuevas» de la Secta del Cielo y el Trueno.

Loca corrompida

Locas de blanco sucio, hilos rojos atados a través de carne verdinegra, subiendo hasta la máscara. Henden con alabardas largas, rígidas y feroces; un tajo horizontal echa atrás a quien se acerque. Tras la Trascendencia, sus cuerpos se pudren y se descomponen día a día… El pasado que tanto se esforzaron por guardar —un hogar al abrigo de la lluvia, una comida en el fogón, el nombre de un niño… se esfuma con la podredumbre y no puede recuperarse.

Sabueso frenético

Perros asilvestrados tras alimentarse de los cadáveres putrefactos de los trascendidos. Han perdido el pelo a rodales, dejando expuesta una carne roja y desgarrada. Suelen vagar en jaurías, moverse a una velocidad terrible y abalanzarse de pronto desde las sombras entre ladridos salvajes. Antaño despedazaban a los caminantes enmascarados por sus amos. Con el tiempo, aprendieron a despedazar a sus propios amos.

Capitán lancero sin rostro

Lanceros de ropaje azul, antaño comandantes de discípulos de blanco, con el rostro reducido a una cavidad. Su manejo de la lanza era exquisito; cada movimiento tenía un propósito. Una simple estocada recta a la garganta podía dar a sus discípulos quince días de estudio. A medida que se agravaban las consecuencias de la trascendencia perfecta, supieron que sus días estaban contados. Resolvieron marchar a Pangzhen y usar su fuerza alterada para abatir tantos caminantes enmascarados como pudieran. También habían resuelto poner fin a sus vidas antes de convertirse en cascarones sin conciencia. Pero cuando volvieron la lanza y sintieron la punta fría en la garganta, algunos dudaron solo un instante...

Marioneta de espada y escudo

Marionetas Yin armadas con espadas y escudos redondos de latón, muy atentas a las debilidades del enemigo. Desvían con destreza los ataques con el escudo y contraatacan al instante, empleando técnicas intrincadas y variadas. Cuando los aldeanos vieron por primera vez a estas marionetas luchar contra caminantes enmascarados con espadas de latón parecidas a implementos rituales, lo tomaron por un milagro: la protección de la Dama hecha visible. Ignoraban que cada marioneta albergaba la mente de un luchador del Mandato que había pasado años combatiendo caminantes enmascarados... El milagro que veneraban con tanta gratitud no era más que un espectáculo escenificado por los fabricantes.

portabombas de hielo

Portadores de bombas cubiertos de escarcha, con afilados carámbanos que recubren tanto sus cabezas como las enormes bombas de hielo que llevan sujetas a la espalda. El Sha-Chi los impulsa a abalanzarse a ciegas contra cualquier ser vivo y a detonar en una explosión de frío letal que acaba tanto con ellos como con su objetivo. Si el fuego los alcanza, el Sha-Chi de su interior se descontrola al instante y los hace explotar. En otro tiempo intentaron utilizar el frío extremo para sofocar la agonía abrasadora de la Trascendencia. Al final, el frío les caló hasta los huesos y el Sha-Chi les consumió la mente, encerrando tanto su carne como su cordura en estas carcasas heladas.

Guardián de las Sombras

Los asesinos de la Orden están muy bien entrenados y son implacablemente eficaces. Armados con anchas hojas de doble punta, desatan ataques incesantes que abruman al rival a corta distancia. El rostro de un Guardián de las Sombras carece de facciones: solo hay un hueco negro. Sin embargo, no llevan máscaras ni comparten la locura sanguinaria de los Caminantes enmascarados. Son sombras violetas que se deslizan sin ser vistas por la oscuridad y no dejan rastro. Últimamente, no obstante, esas sombras parecen recorrer el Wulin cada vez más a menudo.

Hombre de hierro: Espada

Monjes del templo Kuye sometidos a la Trascendencia, reducidos ahora a guardias de la Torre del Sha-Chi. Su arma es una hoja de nueve anillos que parece haberse fundido con sus cuerpos de acero. Sus hermanos mayores de la orden entraron en la Torre del Sha-Chi para investigar y nunca regresaron, lo que los dejó profundamente preocupados. La torre fue en otro tiempo un lugar de Trascendencia y en su interior aún quedan muchos dispositivos extraños. Si alguien con malas intenciones llegara a utilizarlos, las consecuencias podrían ser terribles… Inquietos, entraron en la torre para buscar a sus hermanos.

Guardián de las Sombras con trabuco

Operativos de élite de «la Orden». Ataviados con cascos de cobre y armaduras, empuñan trabucos con cabeza de tigre. De las fauces del tigre sobresalen tres cañones que les permiten disparar ráfagas rápidas mientras se mueven y esquivan con soltura. Su potencia de fuego es formidable. En el cuerpo a cuerpo, también pueden blandir sus armas de fuego como pesados martillos y golpear con gran fuerza y rapidez. Suelen aparecer junto a los Guardianes de las Sombras de fuego salvaje, cubriendo sus ataques de hoja con disparos para dificultar la huida de sus presas.