Monstruos · Phantom Blade Zero · Página 3
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Merodeadores aferrados a anchos escudos. Con una fuerza muy superior a la que su complexión sugiere, golpean con ellos a sus enemigos y cargan de forma temeraria. Las armas potentes, como las hachas gigantes, pueden romper sus defensas con rapidez. La Trascendencia les arrebató el rostro y la razón. Solo quedan dos órdenes grabadas en su mente: detener todo lo que tienen delante y proteger el pueblo que queda detrás. Aunque ya no queda ningún pueblo a sus espaldas.

Marionetas cubiertas de oro de la cabeza a los pies, con enormes púas que sustituyen ambos antebrazos desde los codos. Las conciencias selladas en su interior pertenecieron a discípulas del Mandato que se arrodillaban ante la estatua de la Dama. La Secta de los Hilos Vinculantes les permitió vislumbrar algo mucho más grandioso en la Discordancia. Al principio, el terror y el asombro las abrumaron. Después, la devoción fue lo único que les quedó a sus mentes destrozadas. Para servir a esa fe retorcida, se arrancaron los frágiles brazos de marioneta y los sustituyeron por púas letales, matando a cualquiera que pudiera impedir el descenso de la Dama. Incluso vertieron oro fundido sobre sus cuerpos para adoptar una forma que esperaban que le agradara, todo por obtener la más mínima muestra de su favor.

Mujeres enloquecidas que blanden dos picos, rápidas al cargar y feroces en sus ataques incesantes. Los Caminantes enmascarados destruyeron su pueblo. Tras la matanza de sus seres queridos, ya no tenían nada que perder. Cuando un pueblo vecino pidió voluntarios para someterse a la Trascendencia y combatir juntos a los monstruos, acudieron en grupo, con los picos que usaban para cavar pozos y unas improvisadas armaduras de hierro.

Guardianes de las Sombras escogidos personalmente y bajo el mando directo de Zuo Shang. Vestidos por completo de blanco, desde el tocado hasta las botas, son fríos, serenos e imperturbables incluso en combate. Letales a corta distancia, dominan tanto el ataque como la defensa y asestan golpes rápidos y decisivos con sus hojas mientras intercalan disparos de pistola. De cerca o de lejos, sus ataques incesantes dejan pocas aberturas. En las calles mortecinas de Pangzhen, encabezan patrullas que se deslizan como sombras, cierran las calles y ocupan los patios para someter toda la localidad al control del Soberano de las Sombras Zuo.

Marionetas citaristas vestidas de blanco, de cabello blanco y con cítaras entre los brazos, envueltas en una fría neblina. Su música encierra un filo mortal. Bloquear las ondas sonoras azules que emiten hace que las notas residuales se vuelvan contra ellas. Al principio, gentes del Wulin les enseñaron algunas artes ilusorias que hacían danzar la nieve sobre sus cuerdas para realzar sus actuaciones. Después llegaron unas monedas de plata, suficientes para convencerlas de componer canciones y letras para la Dama. Por último llegaron una receta y un cuenco de medicina. «Bebed esto y no contraeréis la extraña enfermedad ni os convertiréis en marionetas».

Locas con armadura maltrecha, que manejan la lanza con estocadas, barridos y golpes feroces. Sus ataques son brutales, su Sha-Chi hiela, y la gente corriente no puede acercarse. Si se aprovecha el momento justo para quitarles la lanza, el arma puede volverse contra ellas. Antes se entrenaron en técnicas de lanza junto al Mandato, se pusieron la armadura y tomaron las armas contra los Caminantes enmascarados. Cuando el Mandato empezó a promover la Trascendencia perfecta, ellas también aceptaron la transformación sin vacilar.
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